La filosofía Hakuna Matata (o mi secreto para vivir más feliz)

La filosofía Hakuna Matata

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Si te digo “Hakuna Matata”, seguro que inmediatamente te pones a pensar en la famosa película El Rey León y, sin querer, tarareas el famoso estribillo de la canción.

Hakuna Matata vive y deja vivir

Hakuna Matata vive y sé feliz 

Ningún problema debe hacerte sufrir 

Lo más fácil es saber decir 

Hakuna matata 

¿Quién no recuerda la mítica escena en la que Simba, después de perder a su padre, huye de su tío Scar y se encuentra con Timón y Pumba, quienes le enseñan su filosofía de vida?

Aunque la expresión Hakuna Matata se hizo popular internacionalmente en 1994 gracias a la película de Disney (¿quién no ha dicho alguna vez “hakuna matata”?), lo cierto es que estas dos palabras encuentran su origen mucho antes.

Hoy quiero hablarte del Hakuna Matata como una filosofía de vida que tú también puedes integrar en tu día a día. Una manera de afrontar el día a día de una manera mucho más sencilla y que, a mí, me ayuda a ser más feliz.

Sin duda, uno de los grandes regalos que me ha hecho África.

¿Qué significa Hakuna Matata?

Antes de contarte el impacto que estas dos palabras han tenido en mi vida, vamos a empezar por el principio:

Hakuna Matata es una expresión swahili, el idioma que se habla en los países del este de África (sobre todo en Kenia y en Tanzania), que significa literalmente: “no hay problema” o “no hay preocupación”.

En swahili, la palabra “hakuna” significa “no hay” y “matata” significa “problema” o “preocupación”.

De esta traducción literal proviene el famoso “vive y sé feliz” del Rey León ?

El Carpe Diem africano

En Lamu (Kenia), donde vivo, es muy habitual escuchar algún Hakuna Matata en medio del ajetreo de la vida en la calle.

Que vas al mercado y se te cae al suelo todo lo que has comprado porque la bolsa se te rompe… Hakuna Matata.

Que no hay turismo y los hoteles están vacíos… Hakuna Matata.

Que ha sido un mal día de pesca y los barcos vuelven casi sin nada para vender… Hakuna Matata.

Que diluvia durante días y nos quedamos sin suministro eléctrico… Hakuna Matata.

Y así, con todo.

Absolutamente con todo, incluso con las cosas más inimaginables y que para nosotros, en nuestra manera de vivir y de entender la vida, serían auténticos dramas:

Hakuna Matata cuando te ingresan en el hospital con una anemia de caballo y no hay sangre para transfundirte.

O cuando las lluvias destrozan el tejado de tu casa y tienes que dormir calada hasta los huesos junto al resto de tu familia. También Hakuna Matata…

Parece imposible, ¿verdad?

Pues te aseguro que esto que te cuento es real como la vida misma.

Y es que se trata de una manera de afrontar la vida y los problemas que simplifica y hace más llevable prácticamente todo. Porque así la vida es más fácil, porque así las adversidades duelen menos…

No se trata de indiferencia ni de falta de sensibilidad, sino de una manera de relativizar los golpes de la vida para que sean más fáciles de llevar, de aceptar los contratiempos (pequeños o grandes) como parte de nuestra existencia.

Algunas veces, al intentar ahondar en esta manera de afrontar los problemas, siempre me he encontrado con la misma respuesta:

«Un problema grande es en realidad un problema pequeño, y un problema pequeño… no es un problema».

Visto así… cuánta razón, ¿verdad?

Cómo la filosofía Hakuna Matata me ha ayudado a ser más feliz

Con estas nuevas gafas que África me ha regalado, yo también he aprendido a mirar la vida de otra manera: se ha abierto ante mí una forma distinta de entender y afrontar los vaivenes de mi existencia.

En este post tan personal sobre las 40 cosas que hice durante mi año de voluntariado en Kenia, ya te hablé un poco sobre lo que esta filosofía de vida había significado para mí. Ahora es el momento de ahondar en esto:

Mi escala de valores se ha transformado y lo que antes era para mí un mundo, ahora es algo mucho más relativo. Y si los valores cambian, las necesidades también lo hacen. Y eso significa que espero y necesito mucho menos para sentirme bien.

Ahora soy capaz de sonreír ante cosas que antes me revolvían.

Puedo minimizar antiguos dramas y reducirlos a anécdotas desagradables. O incluso reírme de ellos (me veo a mí mismo hace algunos años, y sólo puedo desternillarme de la risa…).

Mi vida es mucho más sencilla y está (casi) libre de preocupaciones gratuitas.

Suena idílico, pero tengo que confesarte que esto no siempre es fácil y que, a veces, la vida tiene que darme un manotazo en forma de baño de realidad.

No siempre soy capaz de ser fiel a esa filosofía que tanto admiro y, sin querer, vuelvo a estar absorbida por las tonterías y absurdeces del mal llamado primer mundo. Sin ser consciente, hago auténticas montañas de pequeños granos de arena. Pero ahí está la vida para darme mi lección y recordarme cuan equivocada estoy.

Como ejemplo de esto, comparto contigo un par de reflexiones que publiqué en Redes Sociales hace unos meses sobre dos “graves inconvenientes” que trastocaron mi apacible día a día (léase la ironía). Son un muy buen reflejo de esa actitud ante la vida de la que te hablo (y que a veces a mí se me olvida):

17 de enero de 2018

“Ésta ha sido mi mañana:

  1. Salir de casa de un mal humor tremendo, en busca de un enchufe para cargar el ordenador, porque llevamos varios días sin luz.
  2. Encontrarme en la puerta a estas preciosidades hablando por los codos y riendo con unas carcajadas que sonaban a música.
  3. Olvidarme de los cortes de luz y del mal humor, sentarme con ellos y no poder parar de sonreír.
  4. Dar gracias infinitas por los pequeños grandes regalos de la vida 

Reflexión del día: vivir una experiencia de voluntariado te acerca a una convivencia así de sencilla y a la vez enriquecedora, a la vez que resitúa tu escala de valores: ¿prioridades? Sonreír, ¿problemas? La luz, desde luego, no”.

8 de mayo de 2018 (cuando la temporada de lluvias llegó fuerte y destructora a Kenia)

“Este sigue siendo el panorama… Diluviando y ya van casi 48 horas sin luz. El ordenador y la tablet sin batería, y el móvil pendiente de un hilo. Imposible trabajar.

Y claro, me enfado y estoy de mal humor, y me quejo. Y de repente miro a mi alrededor y vuelvo a darme un baño de realidad, pero sin agua. De esos secos y duros.

Sólo veo sonrisas.

A pesar de los tejados rotos y de haber dormido empapados, mis vecinos me saludan con un buenos días igual de dulce y de alegre que cuando brilla el sol.

Los barcos no pueden salir a pescar. No hay turismo para trabajar. Pero sólo veo sonrisas y escucho un «after the rain, the sun shines».

Muchas de las calles están impracticables y hay algunas casas que tienen grietas o unos agujeros que las dejan totalmente expuestas a las lluvias. Pero Hakuna Matata, se solucionará.

El ritmo no para. No puede parar. Sino esta noche no se cena. Gente totalmente calada arriba y abajo. Los miro. Nos miramos. Y me sonríen.

Y no me queda otra que recordarme lo afortunada que soy. Sin luz, sí, pero con mi chubasquero hasta los pies y mi tejado. Mis prioridades no lo son tanto y la importancia de no poder encender el ordenador es tan relativa que no puedo evitar reirme de mí misma.

No me queda otra que darme cuenta (una vez más) de que aquí la gente está hecha de otra pasta. La vida les ha hecho duros y resistentes; en realidad no tienen otra alternativa…

A tod@s, desde la señora del mercado hasta el capitán de un barco, o el chico del puesto que me vende el pollo por las noches… les admiro, les respeto y les agradezco infinitamente todo lo que me enseñan cada día.

Y es que, efectivamente, no hay mejor escuela que la vida”.

Estoy segura de que con estos dos ejemplos puedes hacerte a la idea de qué supone la filosofía Hakuna Matata en el día a día de Kenia. Y de cómo esta manera de afrontar la vida me ha hecho complicarme mucho menos la mía.

Con todo esto, he crecido y he madurado.

Me he puesto de frente conmigo misma y me he conocido mucho mejor.

He aprendido a ser más feliz con menos (o quizás he descubierto un nuevo concepto de felicidad).

El Hakuna Matata ha sido una gran enseñanza, un regalo de Kenia y de sus gentes. He aprendido muchísimo (no me cabe duda de que lo seguiré haciéndolo), y estoy profundamente agradecida por ello.

Y para que no se me olvide, caminamos juntos y lo llevo conmigo siempre…

Tú también puedes vivir cantando “Hakuna Matata”

El Hakuna Matata no son sólo palabras. Como has visto, es una actitud frente a la vida.

Y esto no significa pasotismo, resignación o indiferencia, ni mucho menos. Hakuna Matata significa vivir en el presente y aceptar el fluir de la vida.

Vivir una vida Hakana Matata se traduce en vivir de forma más sencilla, en reestructurar tus valores y tus necesidades, en redefinir aquellas cosas realmente importantes para ti. Esto significa, a la vez, relativizar tus problemas y darles la importancia real que tienen.

¿Cómo puedes hacerlo?

Cada vez que te enfades, que te sientas contrariad@ o que algo no te haya salido como esperabas…:

  • Pregúntate qué significa realmente ese contratiempo en tu vida.
  • Reflexiona sobre tus necesidades y prioridades reales, las que te hacen sentir bien y feliz.
  • Escribe en una lista las 5 áreas de tu vida fundamentales para ti: ¿lo que te ha pasado afecta gravemente a alguna de ellas?
  • Dale a ese problema una importancia del 1 al 10 (verás que la gran mayoría no pasan del 5).
  • Analiza si, cuando haya pasado, tu vida seguirá igual o si se habrá trastocado mucho.

Si a pesar de todo esto te sigues sintiendo en un pozo sin fondo, analiza si ese problema tiene solución y si está al alcance de tu mano. Si es así, ¡a por ella!

Este es uno de los ejercicios que trabajamos en el programa de facilitación Hakuna Matata, un programa 100% experiencial de 21 días orientado a salir de tu zona de confort para vivir una vida Hakuna Matata:

  • Revisa tus necesidades y relativiza tus problemas: aprende a minimizar la queja y a vivir de forma más sencilla y con menos sufrimiento.
  • Establece relaciones más sanas y reconecta contigo misma, con los demás y con el entorno.
  • Acepta el fluir de la vida, ocúpate en tu presente y vive de forma mucho más consciente gracias al Carpe Diem africano.
  • Nútrete de la fuerza de una comunidad y conecta con personas tan positivas, viajeras, comprometidas consigo mismas, atrevidas y curiosas como tú.

En definitiva, integra aprendizajes para cambiar tu forma de mirar al mundo y vivir una vida Hakuna Matata.

¡AHORA TE TOCA A TI!

¿Qué piensas acerca de esta manera de afrontar la vida?

¿Crees que en Occidente necesitamos empezar a vivir bajo la filosofía Hakuna Matata?

Cuéntame tu opinión en los comentarios, ¡me encantará leerte! 😉

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8 comentarios en «La filosofía Hakuna Matata (o mi secreto para vivir más feliz)»

  1. Marta..
    Ayer te escribí un email..no sé si te ha llegado.

    Respecto a algún comentario a la filosofía Hakuna Matata….son distintos nombres para decir lo mismo.
    Practico yoga cada día y gracias a nuestro maestro, me voy haciendo discípula de mi misma en esta filosofía. Consciencia,próposito y acción me llevan a mi Hakuna Matata diario,.No es fácil a veces mantenerme en ello pero es lo que inspira ahora mi vida.
    Gracias por tu experiencia compartida.

    Responder
    • Hola Paloma, le he pedido a mi equipo que revise los emails porque no me suena que lo hayamos recibido.

      Muchas gracias por leerme y por tratar de seguir esta filosofía que tanto me ha aportado a mí.

      Responder
  2. Necesito adoptar la filosofía Hakuna Matata, me la paso preocupada o enojada, me identificó mucho con tu sentir al contar tus experiencias. Es admirable como muchas otras personas o culturas son capaces de sonreír a pesar de las adversidades, quiero hacer esa frase parte de mí

    Responder
    • Hola Mayela, Me alegra saber que te interesa esta filosofía de vida que tanto me ha enseñado a mí.
      Si quieres aprender más sobre ella, te puede interesar formar parte de la próxima edición del Programa Hakuna Matata, te dejo aquí el enlace a la lista prioritaria, para tener la información de primera mano, cuando salga, sin ningún compromiso

      Responder
    • Hola Nicol, ¿cómo estás?
      Entiendo que tu principal motivación es viajar y que, mientras viajas, no te importaría colaborar en proyectos que trabajen con la infancia. El mejor consejo que te puedo dar es que separes el voluntariado del viaje; es decir, que el voluntariado no sea el medio para viajar a bajo coste. Si quieres hacer un voluntariado, ponte en contacto con proyectos de cooperación para ver si tu perfil puede encajar en sus programas de voluntariado.
      Que vaya genial, un saludo!

      Responder
  3. Fantástico el cambio. Hace un tiempo atrás era una persona muy absorta en la superficialidad del capitalismo y el consumismo en el que vivimos, y por consiguiente, me hacía problema por todo literalmente. Hace poco más de un año, empecé a recorrer un camino de cambio, creo yo, que fue a raíz de verme superada por todo. Ese fue mi piso, ahí respiré hondo y empecé a subir nuevamente, pero esta vez por otro lado, intentando encontrar soluciones a todo lo que me pasaba, en lugar de quejarme y retrotraerme, y si no lo podía solucionar, viendo que era lo bueno y la enseñanza que me dejaba eso que me sucedía. Los cambios fueron rotundos, hoy soy otra persona. Llevar una filosofía de vida más despreocupada es un camino de ida. Ayer hice el test y mi resultado fue que estoy en un punto intermedio, se que muchas veces mi actuar, es por lo que la sociedad impone, cuando a mi realmente me gustaría obrar de otra manera, pero sigo trabajando por ello, por encontrar mi libertad en la jungla de la sociedad y al fin entender cual es mi propósito en esta vida.

    Responder
    • ¡Hola Cintia! Qué fantástico encontrar a gente que está dispuesta a hacer un cambio tan importante y a tomar las riendas de su vida. Enhorabuena por el camino recorrido y a por el resto!

      Responder

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