Cómo volver de un voluntariado y no morir en el intento

volver de un voluntariado

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Volver de un voluntariado no es fácil. Nada fácil.

Quien ha pasado por ello, lo sabe.

Quien ha tenido que decir adiós a personas que en unas pocas semanas o meses han pasado a ser parte de su vida, sabe perfectamente de qué estoy hablando.

No en vano, No me quiero ir”  (o algún derivado) es la frase más repetida durante los últimos días de la experiencia solidaria y, sobre todo, en el momento de la despedida.

Yo, sin ir más lejos, he repetido esas palabras hasta la saciedad siempre que me ha tocado irme, tanto si habían pasado sólo 3 semanas como si había sido casi un año.

Así que sé perfectamente de lo que hablo cuando digo que volver de un voluntariado es duro.

Cada persona es un mundo y no todos vivimos las cosas de la misma manera. Así que asumo desde ya que, muy probablemente, habrá quien piense que soy una exagerada y que él o ella no lo vivió así.

Pero mi vivencia, y la de decenas y decenas de voluntarios que me he cruzado a lo largo de estos años, me dice que no, que no estoy exagerando y que volver de un voluntariado es un momento difícil.

Por otro lado, quien nunca lo haya vivido, pensará que no es posible que una experiencia puntual y relativamente corta marque ni enganche tanto como para dejarla atrás sin más.

Y yo les digo: nunca queda atrás. Por eso cuesta tanto irse, porque te llevas contigo algo que sientes que no tenía que terminar aún.

Te hablaré siempre desde mi experiencia y desde las despedidas que he vivido, tanto propias como de otras personas. Quiero contarte cómo he afrontado yo ese momento: mis aciertos y mis errores, lo que creo que ayuda a hacerlo más llevadero, y lo que hace la vuelta a casa aún más cuesta arriba.

¿Fórmulas mágicas? Ni una.

Simplemente mis reflexiones y mi experiencia, que ojalá te sirvan para que volver de tu voluntariado no sea un momento demasiado amargo.

Pero empecemos por el principio, ¿por qué es tan difícil irse?

¿Por qué es tan difícil volver de un voluntariado?

Como te decía, al volver de un voluntariado es frecuente tener la sensación de dejar algo a medias y de finalizar algo que aún no tenía que terminar. Y esos sentimientos, inevitablemente, hacen que no quieras irte, que quieras terminar de vivir esa experiencia que te ha “enganchado”.

Yo siempre lo he vivido así, subiéndome al avión sintiendo que no era mi momento de volver, que aún tenía mucho que aportar y aún mucho más que aprender.

A día de hoy, me sigue pasando lo mismo, así que no confío demasiado en que ese sentimiento desaparezca algún día.

Para los que nos sentimos vivos dando lo mejor de nosotros con el objetivo de mejorar otras realidades, nunca es suficiente. Y ésta es para mí la gran razón que dificulta volver de un voluntariado: sentir que nuestra experiencia está inacabada.

Además, hay otros motivos que explican que la vuelta a casa sea a veces tan cuesta arriba:

  • Haberte integrado, a gusto y sin esfuerzo, en una realidad distinta a la propia
  • Sentirte realizado con tu trabajo diario, sabiendo que tu aportación es útil para mejorar la vida de otras personas
  • Vivir inmerso en un constante intercambio de cariño
  • Descubrir una filosofía de vida alternativa y totalmente opuesta a la que conoces: generosidad y sentimiento de comunidad frente a egoísmo e individualismo
  • Sentirte parte activa de pequeñas acciones que desembocarán en grandes cambios
  • Haber conocido personas que no quieres dejar atrás y que sientes que ya forman parte de ti

Las claves para afrontar que tu voluntariado termina

Alegría y agradecimiento por todo lo vivido,

tristeza porque la experiencia termina,

nostalgia incluso antes de la despedida,

incertidumbre por cómo será la vuelta,

ilusión por compartir todo lo aprendido con tu entorno…

¿Te suena?

La recta final de un voluntariado es una montaña rusa de sentimientos en la que se mezclan emociones de todo tipo, y eso no siempre es fácil de gestionar.

Es frecuente que los últimos días, uno esté tan superado y dominado por ese cóctel de emociones, que no disfrute de la experiencia de la misma manera que durante las semanas previas. Y eso es un gravísimo error.

Sé por propia experiencia que es muy difícil de evitar, y que controlar semejante amalgama de sentimientos es complicado, pero no hacerlo puede significar empañar el final de una experiencia maravillosa.

Volver de un voluntariado reprochándote que no has disfrutado de la experiencia hasta el final, no es plato de buen gusto (te lo digo por experiencia).

Y también te digo por experiencia que eso es evitable, pero para ello hace falta que te mentalices y que te preparares si crees que eres de los que puede vivir una recta final complicada.

Como siempre, un poquito de reflexión previa es importantísima y lo hará todo más fácil.

Ya sabes, no hay recetas mágicas, pero quizás estos consejos te sirvan:

  • Evita vivir los últimos días pendiente del reloj y del calendario. El modo “cuenta atrás”, restando los días que te faltan para volver, no ayuda nada. ¡Vive cada día como si fuera el último (y no lo supieras)!
  • Recuerda lo intenso que ha sido cada día y la cantidad de cosas que has vivido en una semana durante tu voluntariado. Pues esa intensidad y esa montaña de vivencias es lo que te espera en cada uno de los días que tienes por delante hasta que tengas que marcharte, ¡no desperdicies ni un segundo!
  • Vive la despedida como un hasta luego, no como un adiós. Si quieres, algún día volverás a visitar el proyecto que tanto te ha aportado y podrás vivir la experiencia de nuevo. ¡Marcharse no significa no volver!
  • Recuerda que tu colaboración no termina cuando te subas al avión y que puedes seguir formando parte del proyecto desde casa. De hecho, tan importante es el trabajo en terreno como las labores de sensibilización en tu entorno. ¡No subestimes el poder de tu experiencia y tu testimonio!
  • Siéntete afortunado y agradecido por lo que te espera a la vuelta: tu casa, tu familia, tus amigos, tus costumbres, tu rutina, tus aficiones… Tendemos a idealizar la experiencia que estamos viviendo y nos olvidamos de todo lo bueno que nos espera en casa, ¡no menosprecies lo maravillosa que es tu vida!

 

Lo que NO debes hacer a la vuelta de tu voluntariado: mi experiencia

 

Volver de un voluntariado después de unas semanas o unos meses de trabajo e implicación diarios en una comunidad es complicado, y no siempre se gestiona todo lo bien que se debería.

Sientes que tú has cambiado mucho y a veces cuesta volver a encajar en tu “vida anterior”.

Tengo que reconocerlo.

Mi vuelta a casa después de casi un año de voluntariado en Kenia no fue ejemplar (fue más bien un poco desastrosa). De ahí que me atreva a aconsejarte cómo afrontarlo. O, mejor dicho, cómo no hacerlo.

Además, estas últimas semanas estoy viviendo de cerca muchas despedidas y estoy hablando mucho con personas que, aún después de varias semanas o incluso meses desde que finalizaron su voluntariado, siguen sin poder avanzar y disfrutar de su día a día en casa.

Y es curioso, la historia se repite.

Al fin y al cabo, todos somos mucho más parecidos de lo que creemos, y casi todos repetimos los mismos patrones y errores.

Así, si tu voluntariado ha sido una experiencia intensa y transformadora, si ha marcado un antes y un después, no es extraño que tu vuelta a casa esté marcada por:

  • Insatisfacción y sentimiento de no encajar en tu vida: “¿qué hago yo aquí?
  • Desinterés y lejanía respecto a temas y personas que forman parte de tu entorno: “no me interesa nada de lo que dicen mis amigas
  • Sentimiento de estar perdido y de no encontrar tu camino: “¿qué hago con mi vida?
  • Nostalgia respecto a lo vivido e insatisfacción con tu día a día: “echo mucho de menos aquello, aquí nada es igual
  • Sentimientos de soledad y de incomprensión: “nadie me entiende

Es habitual tener pensamientos de este tipo, con mayor o menor intensidad, y durante más o menos tiempo. Pero quedarse instalado en ellos es un gravísimo error.

Por un lado, te impedirán procesar correctamente todo lo que has vivido. Y, por otro, harán que tu día a día sea un absoluto desastre y que tu vida no te satisfaga.

Recuerdo perfectamente mi vuelta a casa. No paraba de repetirme a mi misma: “yo no quiero estar aquí”.

Y no sólo lo pensaba, sino que lo decía. Y lo hacía muy evidente a todo mi entorno.

Estaba enfadada con el mundo por haber tenido que volver. Y durante un par de semanas hice pagar ese enfado y esa frustración a mi familia y a mis amigos. Las personas que me esperaban con los brazos abiertos se encontraron con una Marta encerrada en sí misma y de mal humor.

¡Qué injusto!

Me arrepiento muchísimo de esa actitud que tomé. Era consciente de que me estaba equivocando, y me sentía fatal por no poder corresponder todo ese cariño y las ganas que mi gente tenía de compartir charlas y momentos juntos, pero de verdad que no podía. Estaba bloqueada.

Olvidé que la vuelta a casa estaba llena de cosas buenas: mi gente (sobre todo y por encima de todo), mi casa, la comida que tanto había echado de menos, las facilidades y comodidades que nos ofrece nuestro entorno, el ocio, la libertad de poder elegir entre mil y una opciones…

Tuvieron que pasar varios días hasta que reconecté con todo aquello y volví a disfrutar de mi antigua (nueva) vida.

El reto de volver de un voluntariado a tu antigua (nueva) vida: ¡se puede!

Cuando volví de Kenia, yo había cambiado (y mucho), y sabía perfectamente que ya no había marcha atrás y que mi vida tomaría otro rumbo (por aquel entonces no sabía cuál). Había vuelto con la mochila llena de todo lo aprendido y lo vivido durante mi año en Lamu.

Así que después de la mini crisis de 2 semanas que tuve al aterrizar de nuevo en mi vida anterior, sólo me quedaba una opción: espabilar e incorporar todo eso tan maravilloso a mi vida y a mi entorno, trasladar todos los aprendizajes a mi nueva vida y utilizarlos para seguir creciendo.

¿Qué te quiero decir con esto?

Que igual que existen patrones de error que se repiten, hay conductas y maneras de afrontar la vuelta a casa que son sinónimo de éxito y que pueden ayudarte mucho a hacer un proceso de retorno maduro, enriquecedor y positivo.

¿Cómo?

Pues no puedo decirte nada más (y nada menos) que…:

  • te sientas afortunado y agradecido por todo lo que te espera en casa
  • … podrás volver a vivir una experiencia como la que has vivido siempre que quieras
  • … sonríe y siéntete feliz por lo vivido
  • … no cierres la puerta al voluntariado y convierte la solidaridad en tu modo de viajar
  • … incorpores todo lo aprendido durante tu experiencia a tu día a día
  • … comparte tu vivencia y grita a los cuatro vientos la experiencia tan maravillosa que has vivido

Si estás recién llegado de tu voluntariado, quizás estés pensando que no es tan fácil.

Pero yo te respondo: ni tampoco tan difícil.

Recuerda: una experiencia tan bonita como un viaje de voluntariado sólo debería dejar a su rastro cosas positivas y enriquecedoras, jamás tristeza. Sonríe por lo vivido y no dejes que esa vocación solidaria desaparezca.


Si has hecho un voluntariado, ¿cómo afrontaste tu vuelta a casa? ¿Tienes algún consejo para que volver sea un poquito más sencillo?

Deja un comentario y ayuda a futuros voluntarios a volver de su voluntariado con una sonrisa.

Y por supuesto, no dudes en compartirlo con tus amig@s si crees que puede ser útil para alguno de ellos.

Si te interesan el voluntariado y los viajes solidarios, pero aún no formas parte de Pasaporte Solidario, ¿a qué esperas? En sólo un clic estarás dentro y podrás descargar tu Pack antiestrés del voluntario totalmente gratis.

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6 comentarios en «Cómo volver de un voluntariado y no morir en el intento»

  1. Madre mía!!! Cuando identificada me he sentido con este texto. Has dado en cada uno de mis sentimientos. He hecho el segundo voluntariado hace una semana en el mismo sitio que el anterior, Gove una aldea de Angola . Y esta vez he venido peor que la primera vez. Y ha sido leer tu post y sentirme mucho más comprendida. Gracias gracias y gracias. La verdad que a pesar de ser dura la vuelta, no deja de ser algo maravilloso que me gustaría volver a repetir (ya sería la tercera)…
    Me encantaría saber más del proyecto en el que trabajas…
    Besos y gracias de nuevo

    Responder
    • Hola Rebeca!

      Mil gracias por tus palabras, me alegra muchísimo saber que el post te ha hecho sentir un poco menos sola en estos momentos tan intensos emocionalmente.
      Entiendo perfectamente lo que dices: cada regreso a casa es peor que el anterior. Los vínculos y la implicación se hacen más fuertes, y cada vez cuesta más volver. Lo que te está pasando es normal. Seguro que volverás a ese lugar, siempre será un poco tu casa.

      Yo formo parte del equipo de voluntarios de la ONG Afrikable, en Kenia, aunque actualmente estoy volcada en mi trabajo en Pasaporte Solidario. Quiero acercar el voluntariado a todo el mundo, quiero que cada día más personas comprendan que entre todos podemos lograr pequeños grandes cambios en el mundo.

      Un fuerte abrazo y muchísimo ánimo!!

      Responder
  2. Hola Marta!! que bueno leerte, en un mes mas me voy a Mombasa, Kenia hacer un voluntariado!! me a servido mucho lo que escribes, gracias por esas palabras! entre nervios, una alegria infinita, incertidumbre pero feliz de haber tomad esta decision y eso que aun no parto…. despues te contarte la experiencia,

    saludos desde Chile!

    Responder
    • Hola Paula!

      No sabes cuánto me alegra saber que el post te ha parecido útil 🙂
      Es normal que tengas esa mezcla de sentimientos y emociones, ¡es como una montaña rusa! Y verás que cuando llegues a tu destino esa intensidad emocional va a aumentar.
      Yo vivo en Lamu, a 40 minutos en avión desde Mombasa. Si tienes algún fin de semana libre y quieres conocer una isla maravillosa, eres más que bienvenida 😉 ¿Te puedo preguntar con qué organización vas a hacer el voluntariado? Me gustaría poder visitarla algún día.

      Disfruta muchísimo de la experiencia y, por favor, cuéntame qué tal ha ido a tu vuelta. Un fuerte abrazo!

      Responder
  3. Pues voluntariado, como tal, jamás he hecho. He viajado mochileando por Asia y si he cooperado en cosas de forma esporádica, sin previsión ni concierto. Pero tratando de aportar allá donde lo he visto necesario. En realidad, esas experiencias me han ayudado más a mi que a los sitios donde he aprendido de las miserias del ser humano, especialmente en Laos y Camboya.
    Y si, luego al llegar relativizas todo y hasta te sientes un poco miserable… Luego la centrifugadora te arrastra y, por suerte, hay momentos de lucidez… Gracias a ellos…

    Responder
    • Hola Jose,

      gracias por tu comentario y disculpa el retraso en la respuesta.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo: una experiencia de voluntariado o de ayuda altruista, siempre nos aporto mucho más que lo que nosotros dejamos.
      Respecto a la vuelta… ¡qué poderosa es la centrifugadora! Aunque, como bien dices, hay momentos de lucidez y es posible encontrar un equilibrio entre la experiencia vivida y la realidad del día a día.

      Un fuerte abrazo!

      Responder

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