Historias de voluntariado #16. Marta, un voluntariado decepcionante en Kenia

voluntariado decepcionante

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El mundo es un pañuelo. Lo he comprobado muchas veces, y una de ellas fue de la mano de Marta.

Nuestra historia se remonta a hace más de 20 años: Marta y yo éramos vecinas y, para distinguirnos, nuestras familias y amiguitos del barrio utilizaban nuestra edad y nos llamaban “Marta mayor” (yo) y “Marta pequeña” (ella).

Aunque ella, por edad, era más cercana a mi hermano, habíamos compartido horas de juego en la calle. Pero ya sabes cómo son estas cosas… Te haces mayor, vas haciendo tu vida, y te pierdes la pista.

Hasta el verano de 2015.

Estaba pasando unos días en Barcelona (breve parón en mi estancia en Kenia para renovar el visado y visitar a mi familia), y aproveché para montar un pequeño stand solidario en el restaurante de unos conocidos. Pues allí, entre idas y venidas de gente apareció Marta y, después de la sorpresa inicial, empezamos a charlar.

Casualmente, en unas pocas semanas ella iba a viajar a Kenia a hacer un voluntariado (ya llegamos al quid de la cuestión 😉 ), y después haría un poco de turismo por el país junto con otra amiga. Al decirles que yo estaba viviendo en Lamu y que por nada del mundo podían dejar de visitar la isla, decidieron incluirla en su ruta.

Y así fue. Dos casi desconocidas llegaron a Lamu y a día de hoy son dos de mis mejores amigas. Una de ellas, Marta, llegaba con un voluntariado a sus espaldas, pero lo que no esperaba era su respuesta cuando le pregunté por su experiencia: “mal, no era para nada lo que me esperaba.

Me dio tanta pena escuchar eso… Me dio tanta rabia que una experiencia que había sido tan absolutamente maravillosa y transformadora para mí, no lo fuera para ella.

¿Y por qué te cuento todo esto?

Pues porque lo que le pasó a Marta es algo que puede suceder, y sucede, con más frecuencia de la que imaginas.

Me he cruzado ya con bastantes más malas experiencias de las que me gustaría: organizaciones fantasma, total desajuste entre lo que había en destino y lo que les habían contado, mala gestión de los recursos y poca transparencia,  incluso negligencia…

Lo que hay detrás de todo esto es una mala elección del voluntariado, no haber hecho una búsqueda consciente y con criterio, no haber investigado lo suficiente… Me parece importante mostrarte esa cara menos bonita del voluntariado y que conozcas los riesgos a los que te expones si no haces una buena elección, y creo que la mejor manera es que te lo cuente alguien que lo ha vivido.

Pero lo bueno de la historia de Marta es que, a pesar de no haber vivido el voluntariado que esperaba, volvió a casa con un montón de aprendizajes y con una idea muy clara de cómo no iba a ser su próximo voluntariado. Y esto no tiene nada que ver con los niños, niñas y familias con los que convivió, sino con una organización poco transparente y con una búsqueda y elección poco consciente.

1.   ¿Quién eres y qué voluntariado/s que has hecho? (ONG, objetivo del proyecto, país, duración…).

Soy Marta y en 2015 realicé un voluntariado en Kenia, África. Creo que este hecho es relevante, ya que no es lo mismo hacer de voluntariado en cualquier otro continente, que en África. Este destino implica muchas cosas: es un choque cultural y social que no te deja indiferente, y que a la vez te atrapa.

Hice el voluntariado en un pequeño poblado cerca del lago Victoria. Con una ONG con la que me puso en contacto Cocat. Estuve tres semanas colaborando en el proyecto. La idea inicial era ayudar dando clases de inglés en un orfanato. Al final fuimos solo dos días a dar clases, y estuvimos en el poblado construyendo bricks (ladrillos) de barro para hacer más aulas.

Siendo maestra, me apunté a este proyecto para poder colaborar en la escuela del orfanato, me decepcionó un poco el hecho de quedarnos mayoritariamente en el poblado. Fue divertido, ya que nunca había hecho ninguna tarea semejante, pero a la vez me hubiera gustado pasar más tiempo con los niños y las niñas del orfanato.

2.   ¿Cómo era tu día a día?

Nos levantábamos cada día a las seis de la mañana, cuando amanecía. Cada día había dos voluntarios que se encargaban de hacer el desayuno con dos mujeres del poblado. Esta tarea implicaba hacer fuego, calentar agua para hervir el té, cocer patatas dulces, o amasar la masa de chapati (unas tortitas de maíz) y freírlas, etc.

Desayunábamos todos juntos y nos poníamos a trabajar. Al mediodía otros dos encargados cocinaban la comida, solía ser arroz o ugali (una masa de maíz) con verduras y algún día carne.

Por la tarde íbamos a visitar a familias del poblado. Esto era lo más divertido, la gente es muy agradecida y siempre nos ofrecían alguna cosa: cacahuetes, té, fruta… Jugábamos con los niños de las familias, pasábamos tiempo con la gente mayor, los jóvenes a veces nos llevaban a dar una vuelta en moto (subíamos tres o cuatro en la moto), etc.

Como no teníamos electricidad, nos íbamos a dormir cuando oscurecía. Igual que con la comida, dos voluntarios y dos mujeres hacían la cena también. Mientras se preparaban los ingredientes, algunos niños nos cocinaban mazorcas de maíz como tentempié hasta la hora de cenar. Otros días les ayudábamos a hacer los deberes alumbrándonos con una lámpara de queroseno.

3.   ¿Qué te ha aportado el voluntariado?

Un voluntariado implica colaborar con otras personas, aprender de ellos y crecer. Todo lo que nos puede aportar creo que es bueno.

En mi caso que fue en Kenia y en un sitio rural. Aparte de lo que he comentado antes, el voluntariado me aportó una nueva manera de ver el mundo en general. Me aportó abrir la mente.

4. ¿Cuáles crees que son las claves para que el voluntariado sea una experiencia lo más enriquecedora posible tanto para el voluntario como para la comunidad?

Creo que es clave el acompañamiento que se haga a los voluntarios. Es importante que se sientan arropados, que alguien les guíe y los ayude a situarse.

5.   ¿Cuáles crees que son los errores que hay que evitar al hacer un voluntariado?

Creo que hay que evitar hacer un voluntariado pensando que vas a cambiar el mundo. O pensando que en nuestros países “desarrollados” hacemos bien las cosas y que hay quien tiene que aprender de nosotros.

Durante mi voluntariado, cada día escribía un diario de viaje. A modo de ejemplo voy a explicar una de las historias que escribí: “Las niñas con las que comparto habitación se levantan cada día a las 5 de la mañana para ir a la escuela. Caminan dos horas para llegar. Son todas hermanas y unas cuidan de las otras. Cuando llegan al poblado van a buscar agua y nos ayudan a hacer el fuego para la cena. Muchos días cuando llego a la habitación después de cenar aún están cenando y estudiando. Como sólo tenemos un fuego, les obligan a cenar más tarde.

Hay situaciones en las que no me sentía cómoda, pero la solución no podía basarse en el adoctrinamiento o el posicionarnos diciendo que no nos parece bien. Por delante de todo respeté sus costumbres, e intenté aprender de lo bueno y de lo malo. A veces mediante alguna pregunta reflexionábamos conjuntamente.

6. Cuéntame una anécdota, un recuerdo, una imagen… que te marcó y que vas a recordar siempre como parte de tu voluntariado.

Una anécdota que me hizo mucha gracia fue el hecho de que a los niños de entre uno y dos años las personas de piel blanca les damos miedo. Lloran o corren hacía sus hermanos o sus madres.

7.   ¿Recomendarías hacer un voluntariado? ¿Qué le dirías a alguien que quiere hacer un viaje solidario?

Le diría que aprovechase cada momento, que aprenda de todo y de todo el mundo. Que se deje llevar, porque el voluntariado es una experiencia única.

Hay un proverbio africano que dice: “Si crees que eres demasiado pequeño para cambiar el mundo, prueba dormir con un mosquito”.


Me quedo con este proverbio y con la gran verdad que contiene:

Todas y todos, por pequeños que seamos y por pequeña que sea nuestra acción, podemos cambiar el mundo. Y es que, como dijo Eduardo Galeano, muchas personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo.

Yo estoy firmemente convencida de ello, ¿y tú?

Además, esta historia nos recuerda la importancia del pre-voluntariado y del proceso de búsqueda de un proyecto que se ajuste a nuestro perfil y a nuestros intereses. Espero que a ti también te sirva para reflexionar acerca de  la necesidad de llevar a cabo una investigación en profundidad de la ONG con la que vamos a colaborar. Ya sabes que si no puedes o no quieres hacerlo tú sol@, puedes pedirme ayuda 😉

¡Ahora es tu turno!

¿Has tenido alguna experiencia de voluntariado decepcionante o que no ha sido lo que esperabas?

Aun así, ¿valoras la experiencia como positiva?

¿Qué le recomendarías a futur@s voluntari@s para que no vivieran una decepción de este tipo?

Deja un comentario, estoy deseando conocer tu historia 🙂

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