¿Aún no te crees que cada grano de arena cuenta? Así conseguimos mejorar la vida de 40 niñas con 32 granitos de arena

grano de arena voluntariado

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Si eres de los que piensa que hay que hacer grandes esfuerzos para conseguir cambiar el mundo, si crees que un grano de arena apenas cuenta, este post está especialmente dedicado para ti 😉 

¿Has leído o escuchado alguna vez esta frase de Eduardo Galeano? 

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

Suscribo cada palabra, cada letra y cada coma de esta cita del escritor uruguayo. De hecho, he utilizado su frase en muchísimas ocasiones desde que empecé con este proyecto, porque para mí recoge la esencia de la solidaridad y el inmenso poder de las personas.

¿Aún no te crees que un pequeño gesto puede, literalmente, cambiar la vida de otras personas? Sigue leyendo y, al final, me cuentas si sigues pensando lo mismo. Quiero compartir contigo una historia que no deja de emocionarme y que puede cambiar tu opinión.

La solidaridad: una carrera de obstáculos

A pesar de querer aportar su grano de arena, muchas personas no se deciden a colaborar con ninguna ONG o proyecto solidario. Tendemos a convencernos de que lo que podamos aportar no va a ser suficiente, y al final decidimos no hacer nada. Hay razones de fondo que explican esta creencia (que en realidad es una excusa):

  • Desconfianza hacia las ONGs debido a casos aislados de organizaciones y prácticas fraudulentas.
  • Creencia de que la mejor y única forma de ayudar es viajando a terreno y haciendo un voluntariado (para así poder comprobar dónde va nuestro dinero), aunque finalmente no lo hagamos por no saber por dónde empezar.
  • Desconocimiento de organizaciones confiables con las que colaborar, ni de la forma en la que colaborar.

Todo esto suele llevarnos a la inacción, a no hacer nada. Pero si realmente queremos ser partícipes del cambio que el mundo necesita, es necesario superar estos obstáculos que nos paralizan.

Debes ir más allá, informarte y asesorarte, para aportar tu grano de arena si realmente lo deseas. 

El poder de las pequeñas acciones: ¿qué puedes hacer?

Siempre he defendido y he puesto en valor el poder que tienen todos y cada uno de nuestros actos, incluso aquellos más pequeños. 

En el caso de la solidaridad, hay mil y una acciones que podemos llevar a cabo y que son de gran valor a pesar de parecer algo insignificante.

Desde una pequeña donación económica puntual, hasta un voluntariado en terreno durante tus vacaciones (en el que colaborarás en tareas cotidianas que no parecen importantes pero que son fundamentales dentro de la globalidad del proyecto).

Entre estos dos extremos, existen tantas posibilidades como imaginación tengas

  • Hacerte socio/a de un proyecto.
  • Organizar un mercadillo solidario para recaudar fondos para una ONG vendiendo sus productos.
  • Pedir a tus amigos y familiares que no te hagan regalos de cumpleaños y que destinen ese dinero a la causa solidaria que elijas.
  • Dar una charla en un colegio o en tu centro de trabajo para compartir tu experiencia de voluntariado y así convertirte en un agente de sensibilización.
  • Organizar o participar en un evento deportivo (o de cualquier tipo) con fines solidarios.
  • Dar a tus viajes un contenido más social y solidario, visitando ONGs, colaborando con ellas y con la economía y las comunidades locales.

Esto son sólo algunos ejemplos de todo lo que está en tu mano hacer. Así que déjate de excusas: toma acción y aporta tu pequeño-gran grano de arena.

Un ejemplo real: así mejoramos la vida de 40 niñas

Esta historia que voy a contarte es un claro ejemplo de cómo cada pequeño gesto y cada pequeña acción pueden impactar en mejorar la vida de otras personas.

Uno de los objetivos de los viajes solidarios y de turismo responsable a Kenia que organizamos es precisamente concienciar sobre la importantancia de cada pequeña acción.

Para ello, visitamos diferentes ONGs, conocemos de cerca su trabajo en terreno y sus necesidades, y vivimos una pequeña aproximación al mundo del voluntariado en este país. Uno de los proyectos que siempre visitamos en Nairobi es CARA, una organización irlandesa que trabaja en Kenia para la protección de la infancia. 

CARA, o cómo luchar contra la violencia de género en Kenia 

Aunque esta organización lleva a cabo varios proyecto con este fin, el pilar de su trabajo se encuentra en el Cara Girls Rescue Centre. En este centro se atiende a niñas y adolescentes que han sido víctimas de violencia de cualquier tipo y a las que se debe alejar de sus entornos de manera urgente. 

Lo ideal es que la estancia en este centro sea lo más temporal y corta posible (entre 6 meses y un año, tiempo en el que se interviene con las familias y con el entorno). La realidad, sin embargo, es que la estancia se prolonga para la mayor parte de ellas. Esto es así, por un lado, debido a lo duras que son las situaciones que han vivido y a los traumas que arrastran y, por otro lado, a causa de la dificultad de garantizar que la vuelta a casa no supondrá nuevos episodios de violencia.

El centro de rescate de CARA, que se ha convertido en el hogar de unas 40 niñas y adolescentes, les garantiza asistencia y cuidado integral: desde cubrir sus necesidades básicas hasta proporcionarles el calor y el amor de un verdadero hogar, pasando por ofrecerles atención profesional psicológica, social y emocional y garantizar su escolarización. Además, se lleva a cabo intervención con las familias y con la comunidad (charlas en las escuelas, en los hospitales y en los barrios).

Todo ello con el objetivo de acabar con la violencia contra las mujeres y de que las violaciones, los abusos, el trabajo y el matrimonio infantiles y las palizas no formen parte de la vida de estas niñas (ni de ninguna otra) nunca más.

SOS: duchas de agua fría

En uno de los últimos viajes que realizamos, el pasado mes de agosto, visitamos CARA para que los viajeros a los acompañábamos conocieran de primera mano la fantástica labor que esta organización lleva a cabo.

Como siempre, Edwina (la directora del proyecto) nos habló de su historia y de su trayectoria desde el origen del centro, y compartió con nosotros su trabajo y los retos a los que se enfrentan día a día. Y es que, si la violencia de género es un problema estructural y difícil de erradicar en el mal llamado “primer mundo”, imagina lo que supone en Kenia…

Una vez finalizamos la visita por los proyectoS que les permiten ser en gran parte autosostenibles (huertos, balsas para recoger el agua de la lluvia, granja, sistema para producir energía a partir de las heces de las vacas, piscifactoría…), Edwina me llevó a un lado para hablar a solas.

Me contó que, a pesar de tener calentadores de agua eléctricos, las chicas tenían que ducharse con agua fría porque la organización no podía asumir los costes de la electricidad. Me contó también que había pedido un presupuesto para instalar un sistema de placas solares para calentar el agua. Y me pidió si podía hacer algo para ayudarles a recaudar los fondos, ya que era una cantidad inasumible para ellas.

Estaba decidida a hacer lo que estuviera en mi mano para que esas niñas pudieran ducharse con agua caliente. Como me ducho yo, como te duchas tú.

El presupuesto era de 260.000 chelines kenianos, unos 2.400€ al cambio. El acceso a agua caliente para 40 niñas que viven a 1.800 metros de altitud costaba 2.400€. ¿Te imaginas vivir a casi 2000 metros sobre el nivel del mar y tener que ducharte todo el año con agua fría? Esos 2.400€ me parecieron una cantidad ridícula, y me puse manos a la obra para conseguirlos.

El llamamiento: cada grano de arena cuenta

Salí de CARA comprometiéndome con Edwina y conmigo misma a hacer todo lo que estuviera en mi mano. No tenía ni idea de si íbamos a conseguirlo o no, pero teníamos que intentarlo. Cualquier cantidad que recaudáramos iba a ser útil, así que empecé a pensar cuál sería la mejor manera de conseguir fondos.

Enseguida lo tuve claro: hasta ese momento habíamos acompañado a 43 viajeros solidarios por Kenia. 43 personas que habían visitado CARA con nosotros y que conocían en primera persona su trabajo y su realidad. 

Redacté un mensaje explicando la situación y lo envié a los grupos de whatsapp que tengo con esos viajeros. La respuesta no se hizo esperar. Los mensajes de apoyo, compromiso y difusión enseguida empezaron a llegar a mi teléfono. A la vez, se hacían efectivas transferencias de diferentes importes en la cuenta que había habilitado para esta causa.

Además, el grupo que estaban viajando con nosotros en ese momento, y que nos acompañaba en CARA cuando Edwina me pidió ayuda, también puso su grano de arena. Decidieron que el 5% del importe de su inscripción, que siempre donamos a una de las ONGs que visitamos, iba a ir destinado al sistema de placas solares para CARA.

El resultado fue abrumador: en 8 días recaudamos 2.715€. No sólo habíamos conseguido el objetivo, sino que lo habíamos superado. No me lo podía creer, ¡el agua caliente para CARA iba a ser una realidad!

Las palabras de agradecimiento se quedaban cortas y me sentía profundamente orgullosa de la respuesta de esa familia que habíamos creado, que se volcaba en colaborar cuando era necesario. 

Si piensas que llegamos a esta cantidad con grandes donaciones, ¡nada más lejos de la realidad! Las cantidades que se donaron estaban entre los 20 y los 300€. Cada uno colaboró en la medida que pudo y, quien no pudo donar, implicó a personas de su entorno para que lo hicieran.

Como ves, se puso en marcha la maquinaria y se tejió una red de solidaridad preciosa, que hizo posible conseguir el objetivo en tan poco tiempo.

Y ahora dime, ¿aún sigues pensando que un grano de arena no cuenta?

El agua caliente llega a CARA

Tres semanas después de la petición de ayuda de Edwina, volvimos a CARA acompañados de un nuevo grupo de viajeros solidarios.

Esa visita iba a ser muy especial: iba a comunicarle a Edwina que lo habíamos conseguido. 

Fue el pasado 2 de septiembre, justo el día que se cumplían 5 años de la primera vez que pisé Kenia. ¿Casualidad? No lo creo, más bien causalidad. Me quedé en este país con el propósito de poner en marcha un proyecto con el que poner mi grano de arena para crear un mundo más justo y más solidario, y mi 5º aniversario aquí coincidía con este gran logro. El círculo se cerraba y la vida me decía que lo estaba haciendo bien y que estaba donde tenía que estar.

No puedo describir con palabras el momento en el que Edwina escuchó que tenían el dinero y que el agua caliente era un realidad. Creo que no exagero si te digo que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Estaba allí, representando a más de 30 personas que habían decidido comprometerse e implicarse, entregando la suma de muchos granos de arena que, juntos, habían creado una preciosa playa.

Cuando aún estaba digiriendo todo lo vivido ese 2 de septiembre, me llegó un mensaje de whatsapp y un email de Edwina con un reporte de los avances del proyecto. Me contaba que las placas solares ya se habían instalado. Entre risas me decía que las chicas se habían convertido en peces y que no querían salir de debajo de agua, y que las mañanas en CARA eran como un “renacimiento”. No pude evitar sonreír cuando leí que no sabía cómo agradecernos lo que habíamos hecho, porque la que realmente estaba profundamente agradecida y emocionada era yo.

La clave: la confianza

Una de las conclusiones que saqué de esta tan maravilloso que te acabo de contar es que la confianza, una vez más, es fundamental.

Cuando Edwina me pidió ayuda, me planteé hacer un llamamiento por redes sociales y abrir un crowfunding. Hubiera llegado a muchas más personas, sí, pero muy probablemente esas personas no se hubieran implicado de la misma forma (y quizás no hubiéramos conseguido nuestro objetivo). En primer lugar porque no me conocen lo suficiente como para confiar en mí y, en segundo lugar, porque no conocen a Edwina ni han visitado CARA.

Decidí contactar solo con aquellas personas que conocían CARA, que habían viajado con nosotros y que confiaban en mí porque saben que jamás pediría ayuda para algo en lo que no creo y que no es 100% transparente y fiable.

Agradece y devuelve a la vida

Ya has visto, no hay excusa para no aportar tu pequeño-gran grano de arena. Está en tu mano contribuir a conseguir un mundo más justo. Cualquier gesto, cualquier aportación, cualquier acción e iniciativa cuentan y son de gran valor para mejorar la vida de otras personas que no han tenido la misma suerte que tú y que yo. Porque, aunque a veces se nos olvide, abrir el grifo y tener agua (y mucho más agua caliente) es una suerte que no está al alcance de la mayoría de la población mundial.

Somos afortunados y es nuestro deber devolverle a la vida aquello que nos ha regalado. Y la mejor forma de hacerlo es contribuyendo al bienestar de otras personas y de nuestro planeta. Como cantaba Mercedes Sosa, recordando este tema de Violeta Parra, ¡GRACIAS A LA VIDA!:

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio dos luceros, que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado


¡Ahora te toca a ti! 

Cuéntame, ¿qué vas a hacer tú a partir de ahora?

Me encantaría saber qué te ha parecido la historia que te he contado hoy.

¿Te ha inspirado a pasar a la acción?

¿Cuál va a ser esa iniciativa solidaria que vas a llevar a cabo o esa causa con la que te vas a comprometer?

Si sigues sin verlo claro, ¿qué es lo que te frena?.

Me encantará conocer tu opinión. Sea cual sea, cuéntamela en los comentarios. ¡Te leo! 🙂 

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