Historias de voluntariado #8. Vanessa, un antes y un después del voluntariado

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Normalmente, cuando decidimos hacer un voluntariado, nos preocupa la utilidad de nuestro trabajo.

¿Para qué va a servir lo que hagamos?

¿Qué vamos a dejar en la comunidad con la que vamos a colaborar y a convivir?

Vanessa, después de 2 voluntariados, lo tiene claro: somos nosotros los que nos llevamos aprendizajes y experiencias mucho más valiosos que nuestra aportación.

Además, todo eso puede cambiar nuestra manera de vivir en nuestro entorno.

¿No te lo crees? Sigue leyendo y descubra cómo Vanessa hizo cambios en su modo de vida después de colaborar en Nicaragua y en Kenia.

1.       ¿Quién eres y qué voluntariado/s has hecho? (ong, objetivo del proyecto, país, duración…):

Me llamo Vanessa y en el 2005, con 24 años, hice mi primer viaje fuera del continente europeo. Tenía claro que quería hacer algo diferente en mis vacaciones y, después de buscar varias ONGs, acabé asistiendo a una charla de Setem y me animé a ir con ellos. Ofrecían un gran número de destinos y ya tenían mucha experiencia haciendo campos de solidaridad. Además, no hacía falta tener ningún tipo de formación ni de conocimientos específicos, condiciones que hacían que no pudiera participar con otras organizaciones.

Elegí un par de países y finalmente me tocó ir a Nicaragua. Pasé 15 días con una familia en una pequeña comunidad llamada Venecia y unos 15 días conociendo el país y viendo otros proyectos. La contraparte que acogía a mi grupo se dedicaba al comercio justo del café y nos enseñaron desde la producción (en el campo) hasta la selección y envasado (en la fábrica).

Mi segunda experiencia fue en 2012 en Kenia, durante un mes en la ONG Afrikable. Ya llevaba varios años pensando en repetir un voluntariado y me decidí por esta organización porque me dieron muy buena información cuando me puse en contacto con ellos. Además, su proyecto me parecía muy interesante. Afrikable empodera a mujeres de la isla de Lamu ofreciéndoles un empleo, formación y alfabetización. Además, el proyecto da la posibilidad de estudiar a sus hijos/as con su propia escuela infantil.

2.       ¿Cuáles eran tus tareas como voluntaria?

Setem plantea los campos como una experiencia para conocer otra realidad y tomar conciencia de cómo viven en otros lugares del planeta. En mi caso, fue una convivencia con una familia nicaragüense de una comunidad aislada en la jungla y muy pobre. Acompañé a la familia en su día a día y me enseñaron su entorno.

Con mis compañeros (éramos 8) decidimos preparar actividades para entretener a los niños después del colegio y así conocer más a la comunidad.

Era la primera vez que un grupo de voluntarios iba a esa zona y al final improvisamos bastante en función de nuestra relación con las familias. Fue un poco descontrolado por parte de la contraparte que nos tenía que acoger, pero finalmente fue una muy buena experiencia porque éramos un grupo muy activo y unido.

Con Afrikable el planteamiento fue diferente. Había diferentes funciones a cubrir dentro del proyecto y, en función de los perfiles de los voluntarios, la ONG distribuía las tareas. A mí me tocó ayudar en una de las dos escuelitas y cuidar a los bebés mientras sus madres trabajaban dentro del proyecto realizando productos de comercio justo.

3.       ¿Qué te ha aportado el voluntariado?

Los dos voluntariados han cambiado muchas cosas en mí. Me han convertido en una persona más consciente. He aprendido a valorar mucho más las cosas y a tener otra relación con el consumo. Además hice grandes amigos que todavía forman parte de mi vida.

A la vuelta del primer voluntariado, dejé mi trabajo y me fui a vivir a otra ciudad. Sentí que tenía que hacer cambios en mi vida. Así que hubo un antes y un después.

4.       ¿Cuáles crees que son las claves para que el voluntariado sea una experiencia lo más enriquecedora posible tanto para el voluntario como para la comunidad?

Creo que un buen voluntariado es el que te permite llegar a la gente del lugar. A mí me llenó mucho poder pasar horas charlando con la familia que me abrió las puertas de su casa.

Creo que ayuda mucho a tener una experiencia enriquecedora tener una función concreta. En mi segundo voluntariado me sentí más útil porque tenía un trabajo dentro de la ONG.

5.       ¿Cuáles crees que son los errores que hay que evitar al hacer un voluntariado?

Un error que creo que hay que evitar es creer que tienes que dar solución a los problemas del lugar. En voluntariados de un mes sólo puedes acompañar y no pretender transformar. Creo que no hay que hacer falsas promesas porque luego es muy difícil llevarlas a cabo.

La actitud del voluntario debe ser de interés y de ayuda. A veces nos indignamos porque no entendemos las tradiciones, cultura y las maneras de hacer del país. Creo que hay que encontrar la manera de tener una convivencia sana y llevar una mente abierta.

6.         Cuéntame una anécdota, un recuerdo, una imagen… que te marcó y que vas a recordar siempre como parte de tu voluntariado.

En Nicaragua, lo que más me marcó fue la generosidad de la familia que me acogió. Me trataron con mucho cariño, como una más de la familia. Las primeras noches dormía en una hamaca y en unos días me hicieron una cama con cuatro maderas. También mataron a uno de sus pollos para que pudiera comer algo diferente a arroz y frijoles. Intentaron hacerme sentir lo más cómoda posible.

En Kenia las mujeres y los niños/as siempre tenían una sonrisa. Te dejaban entrar en sus vidas y formar parte de ellas. Siempre con cercanía, alegría y sin prejuicios.

7.       ¿Recomendarías hacer un voluntariado? ¿Qué le dirías a alguien que quiere hacer un viaje solidario?

Después de mis experiencias haciendo voluntariado sólo puedo recomendar hacerlo. Sentir el viaje como un aprendizaje personal para poder ser más útil en la sociedad en la que vives que en la que vas a visitar. Ver más allá de tu casa y conocer y descubrir otras formas de vivir. Ver lo que es realmente importante y dejarnos de tonterías.


Muy interesante esta última reflexión acerca de cómo el voluntariado internacional puede ser un aprendizaje para ser más útil en nuestro entorno más cercano.

Si, como Vanessa, tú también has cambiado tu escala de valores o has modificado tu relación con el consumo, ¡deja un comentario y compártelo con nosotr@s!

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