Solidaridad y Coronavirus, o cuando la crisis nos pone frente a nuestras luces y nuestras sombras

Solidaridad y Coronavirus

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Debo confesarte algo: yo era de las que se reía del Coronavirus.

¿Corona- qué?

Hasta hace unos pocos días, la alarma que se había creado me parecía exagerada y no entendía tanto dramatismo.

Qué exageración, si esto es sólo una gripe.

Yo era de las que repetía que tanto miedo y tanta cobertura mediática no tenían ningún sentido y nos estaban llevando a la paranoia.

En pocos días volveremos a la normalidad y nos reiremos de esto.

Era optimista y estaba convencida de que en Semana Santa podría viajar a Kenia junto con el grupo de viajeros que se había formado.¡Qué ilusa! (como debes intuir, hemos tenido que cancelar el viaje).

Estés donde estés, ya lo sabes o ya lo estás viviendo en primera persona: el COVID-19, también conocido como Coronavirus, lo ha puesto todo patas arriba y va mucho más en serio de lo que muchos pensábamos al principio.

Estamos en un momento de crisis mundial. Una crisis en muchos ámbitos: la salud y la economía son los sectores más afectados, pero el tema no se queda ahí. 

La crisis del Coronavirus nos va a dejar otras consecuencias mucho más invisibles: las repercusiones a nivel social.

Crisis como cambio y oportunidad

Mutación

Cambio

Peligro

Riesgo

Estas 4 palabras son sinónimos de “crisis” que puedes encontrar en cualquier diccionario.

No sé muy bien por qué, pero nos empeñamos en percibir y entender las crisis como algo únicamente negativo (como peligro o riesgo). Y yo me pregunto… ¿por qué no tomamos también en cuenta la acepción menos negativa de la palabra?

Una situación de crisis de cualquier tipo, incluida la crisis actual del Coronavirus, implica cambio. Y un cambio no tiene que ser necesariamente negativo.

Depende de ti, de mí, de cada uno de nosotros, mirar esta situación con ojos catastrofistas o con una mirada positiva.

Casi de un día para otro nuestra vida ha cambiado por completo: ahora toca quedarse en casa y reducir a lo imprescindible nuestras salidas y contacto con otras personas.

Y aunque a nadie nos gusta y nos morimos de ganas de volver a la normalidad, podemos darle la vuelta a la situación y convertirla en oportunidad:

  • Oportunidad de recuperar aficiones perdidas y de hacerlas sin prisas: leer, hacer manualidades, pintar, escuchar música, hacer deporte, ver películas, escribir, bailar… ¡Rediseña y adapta los espacios de tu casa a las nuevas necesidades!
  • Oportunidad de autocuidado: no estamos acostumbrados a pasar tiempo con nosotros mismos, y hacerlo sólo puede traernos crecimiento, autoconocimiento y desarrollo personal.
  • Oportunidad de aprendizaje y formación. Seguro que tienes algún curso pendiente de hacer, o algo que hace tiempo te gustaría haber aprendido. ¡Ahora es el momento!
  • Oportunidad de pasar más tiempo con las personas que queremos: presencialmente con las que convivimos o virtualmente con aquellas que no viven con nosotros (¡haz videollamadas con familiares y amigos!)
  • Oportunidad para hacer aquellas tareas pendientes y que llevas procrastinando tanto tiempo.
  • Oportunidad de vivir sin prisas, despacito, y de volver a la esencia.
  • Oportunidad de valorar las pequeñas cosas y de agradecer lo afortunados que somos.

Como ves, si queremos, podemos convertir esta situación en una oportunidad: oportunidad de crecimiento y de aprendizaje, tanto a nivel individual como a nivel social.

Yo lo tengo claro: me apunto a sacar la parte positiva de todo esto. ¿Y tú?

Entro otras cosas, estos días me han dado para analizar y reflexionar sobre cómo estamos viviendo la crisis, y es que hemos visto reacciones individuales y sociales de todo tipo.

Algunas, muy bonitas y necesarias. Otras, todo lo contrario.

El Coronavirus está sacando a flote lo mejor y lo peor que tenemos como personas y como sociedad. Y esto no es bueno ni malo, es natural. Porque cuando hay miedo de por medio, nos volvemos irracionales e incoherentes.

Solidaridad en tiempos de Coronavirus: las luces

Aplausos en los balcones y ventanas, cada día a las 8 de la noche, como apoyo a los profesionales que lo están dando todo en esta crisis (sanitarios, personal de supermercados, transportistas, taxistas, comercios, educadores sociales…). 

Carteles en ascensores y porterías ofreciendo ayuda a colectivos de riesgo para hacer la compra y a familias para cuidar a los niños y niñas que no pueden ir al colegio.

Dibujos y pancartas de esperanza en los balcones, medios de comunicación, redes sociales…

Mensajes constantes de ánimo, apoyo y cariño entre vecinos, amigos y familiares.

Conciertos, sesiones deportivas, plataformas educativas, cursos… online y gratis para hacernos el encierro más llevadero a todos.

En definitiva, mil y una muestras de solidaridad, unión y cohesión social que a mí, personalmente, me siguen emocionando y poniendo los pelos de punta día a día.

Es maravilloso ver cómo una situación tan complicada como la que estamos viviendo nos une como sociedad y saca esa parte tan bonita de cada uno de nosotros (una faceta que, por desgracia, no suele ser nuestra cara más visible).

Este es sin duda, una de la grandes oportunidades que nos brinda el Coronavirus: crecer y cohesionarnos a nivel social y comunitario.

Egoísmo e individualismo: las sombras del Coronavirus

Pero no todo son luces. Como siempre, y como en todo, existe la otra cara de la moneda.

El miedo es muy mal consejero, el peor acompañante que podemos tener, y nos hace mostrar también una cara más insolidaria e individualista.

Colas de decenas de personas esperando en la puerta del supermercado y entrando a empujones cuando se abren para arrasar con todo.

Compra compulsiva de alimentos y otros productos en los supermercados. y de mascarillas, geles limpiadores de manos y guantes en las farmacias, sin preguntarnos si realmente lo necesitamos y olvidando que hay personas para las que sí es imprescindible.

Robos (sí, robos) de material sanitario, como mascarillas, geles o guantes, de los carritos de las enfermeras mientras atienden a los enfermos dentro de las habitaciones.

Personas incumpliendo las nuevas normas y el confinamiento porque “a ellos” no les va a pasar nada…

Sí, esta es la otra realidad que nos deja el Coronavirus: un panorama que saca a relucir una cara menos amable fruto del miedo y de la histeria colectiva.

Lo estamos viendo y viviendo: cuando nos sentimos amenazados y en riesgo no pensamos claridad, no somos racionales y ponemos el foco única y exclusivamente en nosotros mismos (aunque no sea necesario hacerlo).

Las enseñanzas del Coronavirus

A pesar de todo, el balance entre luces y sombras es, para mí, totalmente positivo. Y es que, aun estando lejos de terminar (todo apunta que tenemos por delante varias semanas de medidas extraordinarias), esta situación nos está regalando un montón de aprendizajes y reflexiones muy interesantes.

Baño de humildad: no tenemos el control ni somos dueños de nada

Vivimos pensando y sintiendo que lo tenemos todo bajo control, que somos los dueños del mundo. Y lo peor de todo es que actuamos en consecuencia, tanto con otras personas como con el planeta.

Crisis como la actual ponen en evidencia que no controlamos prácticamente nada, que somos seres diminutos mucho más vulnerables de lo que creemos. Sí, es hora de aceptarlo: hay situaciones que están fuera de nuestro alcance y, por mucho que nos empeñemos, no podemos hacer nada para evitarlas.

Baño de realidad: todo puede cambiar en segundos

La crisis de Coronavirus, y cualquier otra situación que implique a nuestra salud, nos pone de frente con una gran verdad: hoy estamos aquí, y estamos bien, pero no tenemos ni idea de lo que pasará mañana… El presente es la única certeza que tenemos, el futuro es incierto y no existe más que en nuestra mente. Por eso, porque la vida son dos días, aprovechemos el hoy y hagamos todo lo posible por cumplir nuestros sueños.

Más allá de la salud, que obviamente es lo primordial, hemos descubierto que todo, absolutamente todo, puede cambiar radicalmente de un día para otro: nuestra economía, nuestro estilo de vida, nuestras prioridades… Estamos aprendiendo que la vida es cambiante, y no sabemos qué nos depara el mañana. Ojalá esto nos sirva para aprovechar cada día como si fuera el último (con cuarentena o sin ella) y para agradecer y valorar todo lo que tenemos.

Baño de empatía: dejemos de juzgar

Una cosa ha quedado clara en los últimos días: ante el miedo, hacemos lo que sea.

Si frente a la amenaza de un virus desvalijamos supermercados, robamos material sanitario y aprovechamos para hacer negocio, ¿qué no haríamos si estuviéramos en un país en guerra?

Jamás, nunca más, deberíamos atrevernos a juzgar a nadie que salta una valla, se mete en una patera o camina cientos de kilómetros, huyendo de un país en guerra o buscando una vida mejor para ella y para su familia.

No tenemos ningún derecho, absolutamente ninguno, a condenar a aquellas personas que, como tú ahora, sienten miedo y buscan protegerse y proteger a los suyos.

De la misma forma, la realidad que estamos viviendo pone en evidencia la doble moral y la hipocresía con la que vivimos: solidaridad y ayuda, sí, pero… ¿para quién? 

Ponerle palabras a la respuesta y plasmarla en la pantalla es difícil. Pero aún es más duro aceptar que nos volcamos al mil por cien cuando se trata de nosotros o de nuestro vecino, pero que somos capaces de mirar a otro lado y ni pestañear cuando hay personas muriendo en el mar y viviendo auténticos dramas que dejan al Coronavirus al nivel de casi una broma.

Baño de comunidad: juntos, mucho mejor

El sentimiento de comunidad y de unidad colectiva que estamos viviendo es brutal.

Ojalá el tiempo y la vuelta a la normalidad no nos hagan perder la memoria y conservemos ese espíritu comunitario, solidario y de unión.

Estamos redescubriendo que somos seres sociales, que juntos somos más fuertes y que, aunque a veces se nos olvide, nos necesitamos los unos a los otros.

Y después del Coronavirus, ¿qué?

Cómo sea la vuelta a la normalidad después de esta situación tan excepcional depende de ti, de mí, de cada uno de nosotros.

Tenemos dos opciones:

  • Podemos volver a nuestra vida anterior, al ajetreo, a las prisas y a la rutina, como si nada hubiera pasado. Volver a mirar sólo nuestro ombligo y vivir desconectados de lo que sucede más allá de nuestra puerta.
  • O podemos recuperar nuestra vida siendo mucho más conscientes de lo afortunados que somos, agradeciendo cada nuevo día y valorando las pequeñas cosas que, como estamos aprendiendo ahora, son en realidad las más grandes. Hagamos que esta bofetada que nos está dando la vida sea una señal de alarma y de aviso para hacer un cambio de chip.

Yo lo tengo claro: me voy de cabeza a la segunda opción. ¿Y tú?


Aún tenemos por delante semanas complicadas, así que te mando mucho ánimo y fuerza para pasarlas lo mejor posible.

Mientras, si te apetece cuéntame, ¿cómo estás viviendo la crisis del Coronavirus? ¿Como oportunidad de cambio y crecimiento o únicamente como una situación negativa?

¿Te ha tocado seguir trabajando y estar en primera línea? Si no es así, ¿cómo estás ocupando tu tiempo?

¡Te leo en los comentarios! 🙂

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