Turismo responsable: errores y claves en tus viajes

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El mundo de los viajes está cambiando, y el turismo responsable es un nuevo modelo de turismo que ha llegado pisando fuerte y para quedarse.

  • ¿Alguna vez te has parado a reflexionar sobre cómo viajas?
  • ¿Has pensado en el impacto y las consecuencias que tienen tus viajes?
  • ¿Te gustaría viajar de forma ética y favoreciendo al desarrollo?

Si te soy sincera, hasta hace un tiempo yo nunca lo había hecho. Viajaba bastante, y creía que lo hacía bien, pero… Cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de las enormes meteduras de pata que hice en mis viajes. 

Quiero descubrirte una nueva forma de viajar: desde el respeto, la consciencia y la sostenibilidad, para que todos tus viajes aporten, sumen e impacten positivamente, tanto en ti como en los destinos que visites.

También me gustaría que, mientras lees este post, analices y te cuestiones si realmente practicas turismo responsable o si, como me pasó a mí durante un tiempo, no tienes ni idea de qué va esto de viajar responsable y solo piensas en ti cuando planeas tus escapadas.

Porque de eso va el turismo responsable: de nutrirnos y de nutrir, de crecer nosotros mismos y de aportar crecimiento y desarrollo. ¿Vamos a ello?

Turismo responsable como nuevo paradigma viajero

Seguro que has escuchado mucho este concepto, ¿pero sabes realmente qué significa practicar turismo responsable?

Antes de hablarte sobre cómo deberían ser tus viajes si quieres ser un turista responsable, vamos a aclarar algunos conceptos:

Turismo sostenible, ¿es lo mismo que turismo responsable?

Aunque son conceptos que van de la mano, hay algunos matices y diferencias conceptuales entre el turismo sostenible y el turismo responsable (aunque uno no se entiende sin el otro). 

El turismo sostenible es un concepto más amplio y efímero que el turismo responsable. 

Hace referencia al equilibrio entre las necesidades y los deseos de las personas y la conservación a largo plazo del entorno y los recursos. Es decir, debe haber una armonía entre lo que tú quieres conseguir en tus viajes y lo que el entorno necesita. Busca que tanto los visitantes, como la industria, la comunidad local y el entorno natural queden satisfechos tras una actividad turística. Que nadie salga perjudicado.

Entonces, ¿qué es el turismo responsable?

El turismo responsable implica un compromiso con el entorno, convertirte en agente activo para que tus viajes tengan un impacto únicamente positivo sobre las comunidades locales, los animales y el medio ambiente del destino que vas a visitar.

Como ves, la línea que separa el turismo sostenible del turismo responsable es casi invisible. De hecho, son conceptos que no pueden separarse: el turismo responsable es el camino, y el turismo sostenible es la meta. El turismo sostenible no existe sin el turismo responsable. La responsabilidad es la forma de avanzar hacia la sostenibilidad. Y, por supuesto, es incompatible con el turismo de masas.

¿Y dónde encaja el turismo solidario?

El turismo solidario está en auge (no en vano, crece un 20% cada año).

Los viajes de turismo solidario no están orientados únicamente a conocer y disfrutar del país de destino. Son viajes que se caracterizan por el compromiso de ayudar mediante la participación en proyectos de cooperación en destinos en vías de desarrollo. Esta participación puede tomar diferentes formas: unas vacaciones solidarias, un voluntariado o un viaje de turismo con un componente de solidaridad, como los que proponemos desde Pasaporte Solidario, son formas de turismo solidario.

¡Pero ojo! Que un viaje tenga un componente solidario, no implica necesariamente que sea responsable y sostenible: el turismo solidario puede ser o no responsable y sostenible (está “de moda” y no para de crecer). Por lo tanto, en este tipo de turismo hay que prestar más atención si cabe a la ética y a la transparencia. Lo ideal y coherente es que turismo solidario y turismo responsable vayan de la mano, pero no siempre es así. Así que revisa las propuestas de voluntariado o de turismo solidario que lleguen a tus manos y asegúrate de que realmente sean responsables y sostenibles.

El turismo en cifras: ¿por qué es tan necesario el turismo responsable?

Para entender por qué viajar de forma responsable se está convirtiendo casi en una obligación, debes conocer el contexto actual del sector turístico a nivel mundial.

Según la Organización Mundial del Turismo (OMT a partir de ahora), en 2018 hubo 1.400 millones de turistas internacionales en todo el mundo. Esto supone un aumento de algo más del 6% respecto al número de turistas del año anterior. Además, se preveía alcanzar esa cifra (1.400 millones de viajeros internacionales) en 2020. A pesar de que la pandemia ha frenado este crecimiento, estas cifras son muy útiles para ver la tendencia que está experimentando el turismo.

Hay varios factores que explican este enorme crecimiento del turismo: vuelos más baratos; facilidad para conseguir visados; venta de viajes en el entorno digital; cambios tecnológicos y acceso a la tecnología por parte de cada vez más población; nuevos modelos de negocio en el sector del turismo… Todo esto ha implicado una universalización del turismo, es decir, que viajar sea cada vez más fácil y accesible para un mayo número de personas.

Frente a este escenario, es urgente preocuparse por cómo esa enorme cantidad de turismo impacta en el mundo. Y es en este punto donde se hace necesaria la aparición de un nuevo paradigma viajero: el turismo responsable.

Así deben ser tus viajes de turismo responsable

Con este modelo de crecimiento, gestionar el turismo de forma sostenible y responsable es una obligación y responsabilidad de todos los agentes implicados. Desde las administraciones públicas, a los particulares y las empresas. Y tú, cómo turista, tienes un rol fundamental.

Si queremos que nuestros viajes tengan únicamente un impacto positivo sobre los destinos que visitamos, el turismo responsable no debería ser una opción.

¿Quieres saber qué puedes hacer tú para viajar de forma sostenible y responsable?

Aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, nuestros viajes tienen un impacto y unas consecuencias en los lugares que visitamos. Este impacto es visible en diferentes ámbitos, y es importante que lo tengas en cuenta para que nadie salga perjudicado a causa de tu viaje:

Viaja responsable con los animales y el medioambiente

Es frecuente asociar esto únicamente con el turismo sostenible o el ecoturismo. Pero, como ya hemos visto, el turismo responsable implica un compromiso con el entorno y es inseparable del turismo sostenible.

Se trata de ayudar a conservar el entorno natural y la biodiversidad durante tus viajes, y es posible hacerlo en cualquier tipo de viaje (desde el más urbano hasta el más rural). Aquí te dejo algunas acciones que puedes llevar a cabo cuando viajes para impactar de forma positiva en el entorno natural que te rodea:

  • Reduce tus residuos durante el viaje (y recoge los que encuentres). No cuesta nada tener el civismo que otros no tienen 😉
  • No compres productos elaborados a partir de animales o plantas en peligro. Quizás el ejemplo más claro aquí sea el marfil, cuya compra (aunque sea en cantidades muy pequeñas) fomenta la caza furtiva de elefantes.
  • Cuida la vida silvestre y salvaje, y no fomentes los espectáculos o actividades con animales. Actividades como dar un paseo a lomos de un elefante o visitar un santuario de tigres pueden parecer inofensivas para los animales, pero hacerlas posible conlleva un gran nivel de violencia sobre ellos.
  • Disminuye la contaminación apostando por el transporte público, por la bicicleta, o por trayectos a pie.

Sólo tenemos un planeta, y cuidarlo durante tus viajes significa practicar turismo responsable. El medio ambiente y los animales de tu país de destino te agradecerán mucho que no pienses sólo en ti cuando viajes y que reduzcas tu huella negativa sobre ellos.

Viaja responsable con las comunidades locales

Si en una cara de la moneda del turismo responsable tenemos al entorno natural, en la otra tenemos a las personas.

Expresiones como “inmersión e intercambio cultural”, “mezclarse con la población local” o “viajar como un local” son cada vez más frecuentes en el mundo de los viajes. Pero nada de esto es posible si no respetamos o favorecemos a la sociedad que nos acoge. Qué incoherente sería hacer un viaje de intercambio cultural en el que el turista sea el único beneficiado, ¿verdad?

Practicar turismo responsable con las personas significa justo esto: fomentar el desarrollo de las comunidades locales cuando viajas, que tu viaje no las perjudique ni tenga un impacto negativo sobre ellas. Para ello, es muy importante que tengas en cuenta estas dos cosas:

  • Infórmate y ten en cuenta las costumbres y la cultura de la sociedad que te acoge, y adapta tu comportamiento para que tu presencia no sea irrespetuosa. Esto no significa que estés de acuerdo con todas las costumbres o prácticas que se llevan a cabo en el país al que viajas, pero sí que no seas irrespetuoso con ellas. Esto favorece el enriquecimiento mutuo, el diálogo y el intercambio cultural.
  • El impacto económico es fundamental para el desarrollo de cualquier comunidad. Por eso, fomenta la economía local durante tu viaje (alojamientos, comida, compras…) y diversifica tu consumo para que tu dinero quede en la comunidad local y no sólo en grandes empresas.

8 ejemplos reales de turismo no responsable (y mis propias cagadas)

La teoría está muy bien, pero nada como reflexionar sobre comportamientos concretos para entender el impacto (positivo o negativo) que pueden tener nuestros viajes. Y ya sabes, que sea de una forma u otra, depende sólo de ti 😉

Quiero darte ejemplos reales sobre lo que no debes hacer si quieres viajar de forma responsable. Algunos son errores que yo misma he cometido, y otros son conductas que he observado como coordinadora de voluntarios y de grupos de viaje.

Dar dinero, caramelos u otro regalo a niños que encuentres por la calle

A nadie le deja indiferente ver a un niño o a una niña pidiendo en la calle (y mucho menos en lugares en los que la falta de recursos es más que evidente). 

Frente a estas situaciones que a todos nos remueven y nos entristecen, es fácil caer en malas prácticas. Se trata de prácticas a priori “positivas”, como regalar lápices, caramelos o pequeños juguetes a esos niños, o incluso llegar a darles dinero. Y esto es algo que nunca deberíamos hacer porque, lejos de ayudar, estamos haciendo lo contrario.

Esto está tan normalizado que incluso hay quien mete en su equipaje caramelos o lápices para regalarlos a los niños que encuentre. Pero, más allá de alimentar nuestro propio ego, ¿te has preguntado qué implica dar dinero o hacer regalos a estos menores?

Lo primero que hay que pensar es que esos niños deberían estar en el colegio. Por lo tanto, darles regalos puede perpetuar que sigan en la calle (que es donde reciben recompensas inmediatas). De hecho, muchas veces los padres son los que ponen a sus hijos a pedir en la calle como forma de conseguir dinero.

Como ves, dando dinero a menores que encuentres en la calle no sólo estás favoreciendo que no vayan al colegio, sino que puedes estar fomentando el trabajo infantil.

Por otro lado, regalar lápices o caramelos puede fomentar lo mismo y, además, crear necesidades y problemáticas nuevas. Por ejemplo, en lugares donde la salud bucal es deficiente y donde la mayor parte de la población no puede acceder a un dentista, regalar caramelos puede empeorar esta problemática.

Mi consejo:

Lo mejor que puedes hacer es evitar dar dinero o hacer regalos a menores que estén pidiendo en la calle. Si quieres colaborar en el desarrollo infantil en tu destino, contacta con organizaciones en terreno y pregúntales si necesitan algo que tú puedas aportar. Si la respuesta es afirmativa, cíñete a lo que te pidan y entrégalo a los profesionales locales para que sean ellos los que gestionen y entreguen ese material como consideren oportuno.

Participar en actividades y/o espectáculos con animales

Aquí entono el mea culpa. Y lo hago en voz alta y muy consciente de las enormes meteduras de pata que he hecho en este sentido.

Desde la más absoluta ignorancia y cargada de ganas de hacer cuantas más cosas mejor (léase “hacer cuantas más cosas mejor desde la absoluta despreocupación y falta de conciencia”), he cometido errores de los que a día de hoy me avergüenzo enormemente. 

Mi viaje menos responsable respecto a las actividades y espectáculos con animales fue Tailandia. Era uno de mis primeros viajes, y era una absoluta ignorante del turismo responsable. Lo que me movía era mi pasión por viajar y por acumular nuevas experiencias. Mi motor era mi disfrute, y no pensaba demasiado en las implicaciones que eso podía tener sobre el país que me acogía. Eso sí, yo estaba convencida de que lo hacía estupendamente.

En ese viaje me subí a un elefante para dar un paseo por no recuerdo qué selva o parque, y también visité un santuario de tigres en el que teóricamente cuidaban y preservaban la especie.

Con el paso del tiempo tomé conciencia de las aberraciones que había hecho y de la violencia tan brutal que hay detrás de actividades de ese tipo. Por eso, la única forma que concibo de disfrutar de los animales es en libertad y en su hábitat natural.

Viviendo en Kenia, que es un país privilegiado en cuanto a la fauna salvaje que habita aquí, esta toma de conciencia y el respeto absoluto hacia los animales son más profundos si cabe. Hay infinidad de formas de descubrir la fauna que hay aquí: desde safaris éticos y responsables hasta safaris totalmente invasivos e irrespetuosos con los animales; también centros de protección de animales que hacen un trabajo maravilloso (como el orfanato de elefantes David Sheldrick, en Nairobi) hasta otro tipo de “santuarios” que dejan bastante que desear. Por eso, cuando acompañamos a nuestros grupos por Kenia, ponemos mucha atención en que todas las actividades en las que estén implicados animales (como los safaris y algunas otras visitas) sean 100% respetuosas, sostenibles y éticas.

Jirafas al amanecer en Masai Mara, uno de los mejores lugares del mundo para disfrutar viendo a los animales en libertad. Y si es de la mano de la propia comunidad masai, mucho mejor

Mi consejo:

Antes de participar o contratar una actividad, espectáculo o experiencia con animales, infórmate muy bien y busca referencias. Disfruta de los animales en libertad y, como alternativa, visita y colabora con santuarios que trabajan para la preservación y conservación de especies en peligro o de ejemplares que han sido maltratados y que nunca podrán volver a su hábitat natural. ¡Pero ojo! Hay muchos falsos santuarios que, lejos de contribuir al bienestar animal, se han convertido en circos y en reclamos turísticos cuyo principal objetivo es ganar dinero.

Vestir prendas que puedan ser irrespetuosas

Seguro que te suena el refrán “allí donde fueres, haz lo que vieres”. Pues ni más ni menos es esto a lo que me refiero en este punto.

Cada cultura tiene sus normas y límites en cuanto a la vestimenta. Y si queremos practicar turismo responsable es importante que conozcamos esos códigos y que seamos lo más respetuosos posible con ellos. Como te decía antes, esto no implica compartir ni integrar como propia la forma de vestir de otras culturas, sino adecuar nuestra propia vestimenta para que no sea ofensiva ni irrespetuosa con las normas del lugar que visitamos y de la comunidad que nos acoge.

En mi caso, siempre que he planificado un viaje me he informado mucho sobre este tema (principalmente para no hacer nada que no fuera respetuoso, pero también para sentirme cómoda y llamar la atención lo menos posible).

En países como Egipto y en algunos lugares de India o Indonesia, viajando por libre, vestía manga corta en lugar de camisetas de tirantes, y mis pantalones, faldas y vestidos no subían más de la rodilla. 

Incluso ahora, viviendo en un lugar musulmán, soy muy cuidadosa con mi ropa y procuro respetar los códigos culturales de esta comunidad en cuanto a la vestimenta. Esto no significa vestir como las mujeres de Lamu, sino evitar vestir prendas que puedan ser ofensivas o irrespetuosas (como un short o un escote muy pronunciado).

Cuando estoy en España, por ejemplo, mi forma de vestir es distinta (acorde a las normas y pautas culturales de ese contexto). Para mí, ser flexible y adaptar mi vestimenta al lugar en el que me encuentro no es un problema. Tampoco es una concesión a la desigualdad de género (como a veces he escuchado), sino una muestra de respeto y de convivencia.

Cuando organizamos nuestros viajes solidarios y de turismo responsable a Kenia, esto es algo que siempre comento a nuestros grupos: si queremos vivir una experiencia de inmersión e intercambio cultural, debemos ser cuidadosos con nuestra vestimenta y adecuarla a los lugares que visitamos. Así podremos tener mucho más contacto con las comunidades locales y aprender y nutrirnos de ellas. ¿Y no es eso lo que buscamos cuando hacemos un viaje de turismo responsable?

Mi consejo:

Si crees que yendo contra las normas culturales (o adoptando comportamientos provocadores) vas a “abrir los ojos” a la comunidad local, mostrando una forma diferente de hacer las cosas, y que así vas a ayudar a que la situación de las personas cambie, déjame decirte que te equivocas. Los cambios socioculturales son procesos muy profundos y lentos, que se darán (si tienen que darse) cuando las propias comunidades los provoquen. En otras palabras: con tu paso de unos pocos días en un lugar determinado, no vas a cambiar nada no adaptando tu forma de vestir a las normas culturales del lugar. Lo único que conseguirás es crear una fuerte distancia con las personas del lugar y te perderás momentos únicos.

Comprar productos que contengan marfil o cuerno de rinoceronte

A todos nos gusta comprar regalos y souvenirs en nuestros viajes, objetos que nos recuerden la maravillosa experiencia que vivimos en aquel viaje tan especial. ¡Pero ojo con esto!

En algunos lugares existe comercio ilegal de productos que están hechos de, o que contienen, materiales como cuerno de rinoceronte o colmillo de elefante. Y ya sabes lo que se esconde detrás del comercio de estos productos: caza, casi siempre furtiva, de animales en riesgo o peligro de extinción.

La población de algunos animales, como el elefante o el rinoceronte, es cada vez menor, hasta el punto de estar en peligro de extinción. En el caso del elefante, por ejemplo, la población mundial se ha reducido a la mitad en los últimos 30 años, y se estima que actualmente quedan algo menos de medio millón de ejemplares en libertad en todo el mundo. En cuanto al rinoceronte, su situación es aún más crítica, ya que dos de sus subespecies se han declarado ya extintas y algunas otras cuentan son unas pocas decenas de ejemplares en todo el mundo.

Esta desaparición de algunas especies no ocurre de forma natural y las causas son claras y bien conocidas: la mano y la intervención humanas.

La caza furtiva destinada a conseguir materiales que se venden a precio de oro (como el marfil o el cuerno de rinoceronte) es la principal causa de que cada vez haya menos elefantes y rinocerontes.

El comercio de marfil está prohibido y es ilegal internacionalmente desde 1990 (aunque está muy presente en el mercado negro de algunos países), mientras que el de cuerno de rinoceronte es legal en muy pocos países (pero es frecuente en el mercado negro de muchos otros). Acabar con el consumo de productos que contengan estos materiales es la única forma de erradicar su comercio y, por tanto, la caza furtiva de elefantes y rinocerontes. Ya sabes, si no hay demanda, no hay mercado.

Mi consejo:

Además de no comprar productos que contengan marfil o cuerno de rinoceronte, visita centros que trabajan para la conservación de estas especies. Con tu visita, ayudarás a financiar sus actividades y te convertirás en un agente de sensibilización y de cambio.

En el orfanato de elefantes David Sheldrick, en Nairobi, trabajan para la reinserción en la naturaleza de bebés elefantes. Estas crías han sido rescatados tras haber perdido a sus madres como consecuencia de la caza furtiva para conseguir el marfil de sus cuernos

Alojarte, comprar y comer siempre en establecimientos internacionales

El desarrollo económico es clave para el desarrollo de las comunidades locales, y el turismo es una fuente de ingresos muy relevante para aquellos países que viven en gran medida de esta actividad.

Todo el dinero que gastamos en nuestros viajes repercute de forma más o menos directa en la economía del país que visitamos. Aun así, es posible aumentar el impacto positivo que nuestro dinero tiene sobre las comunidades locales. Esto se consigue dejando la mayor parte posible de nuestro dinero directamente en manos de las personas autóctonas (cuantos menos intermediarios, y más si son internacionales, mejor).

Que esto ocurra y que realmente colaboremos en el desarrollo económico local, implica consumir a negocios locales. Desde restaurantes y tiendas de souvenirs o de cualquier otro tipo, hasta actividades turísticas, agencias y alojamientos. Si son negocios liderados por personas locales en lugar de empresas internacionales, tu dinero llegará directamente a la población local y estarás contribuyendo a su desarrollo.

En nuestros viajes, por ejemplo, todos nuestros colaboradores (transporte, alojamientos, restaurantes, actividades…) son empresas kenianas lideradas y gestionadas por personas del país. Por tanto, todo el dinero que nuestros clientes invierten fomenta la economía local y el desarrollo de las comunidades kenianas. Esto sería muy distinto si nos alojáramos en hoteles internacionales, si comiéramos en franquicias de comida rápida o si contratáramos el safari a una gran agencia internacional.

Con esto no estoy demonizando a los hoteles, restaurantes o agencias internacionales ni te estoy diciendo que nunca consumas sus servicios. Lo importante es equilibrar la balanza. Es decir, no consumas únicamente servicios de empresas internacionales e intenta que tu dinero también llegue a las comunidades locales.

Mi consejo:

Si te gusta planificar tus viajes con antelación para tenerlo todo preparado una vez llegues a tu destino, infórmate de dónde va tu dinero. Averigua si los alojamientos y actividades contratados desde casa son empresas locales o si la mayor parte de tu dinero quedará en intermediarios o empresas internacionales.

Hacer fotos a personas sin pedirles permiso antes

Este es un tema que da para escribir un artículo aparte, así que no voy a analizarlo en profundidad porque merece un post propio. 

Eso sí, te lanzo un par de preguntas para que reflexiones sobre ello:

  • Cuando paseas por tu ciudad, ¿haces fotos a las personas con las que te cruzas y que no conoces?
  • ¿Cómo reaccionarías si alguien pusiera su móvil frente a ti y empezara a grabarte o a fotografiarte?

Estoy segura de que en tu día a día y en tu entorno no se te ocurre hacer fotos a nadie. Y que te parece inconcebible que alguien te haga fotos sin pedirte permiso (y si lo hiciera, muy probablemente te enfadarías muchísimo).

Pues todo eso que te parecería tan raro o alarmante es lo que muchas veces hacemos cuando viajamos: sacar fotos a desconocidos sin pedirles permiso.

El derecho a la imagen y a la intimidad es universal, no aplica sólo al “primer mundo” y deja de tener validez cuando se trata de personas de países empobrecidos.

¿O acaso una persona etíope, keniana o tailandesa tiene menos derecho a su imagen que tú y que yo?, ¿o el derecho a la imagen de un niño cubano o marroquí vale menos que el de los menores europeos?

Por muy “exóticas” y fotografiables que puedan parecerte algunas personas o situaciones cotidianas que observes cuando viajas, no tienes ningún derecho a hacer fotos sin el permiso de sus protagonistas. Y esto es aún más importante cuando se trata de menores de edad. He conocido personas que se han sorprendido porque estaban haciendo fotos y alguien les ha gritado, se ha tapado la cara o ha mostrado enfado. Y mi respuesta siempre es la misma: “se ha enfadado con toda la razón. ¿Qué harías tú si alguien te hace una foto mientras cocinas o le das el pecho a tu hijo?”.

Es muy importante reflexionar sobre esto para relacionarnos con las comunidades locales de forma respetuosa a través de nuestras fotografías. Porque hacerlo significa practicar turismo responsable (y no hacerlo implica ser absolutamente irrespetuoso con las personas de las comunidades que nos acogen).

Mi consejo:

Cuando quieras hacer una foto en la que aparezcan personas, acércate y pide permiso, pregunta con una sonrisa si puedes tomar esa imagen. Probablemente recibas una sonrisa como respuesta y, además de una bonita foto, te lleves una charla o un momento compartido bien interesante. Si la respuesta es negativa y esa persona no quiere aparecer en ninguna foto, no te enfades y muéstrate respetuoso y comprensivo.

Foto tomada a un líder de la tribu Hamer, en el sur de Etiopía, y complicidad y tiempo de compartir posteriores el retrato

Tirar envases de plástico en lugares donde no hay una buena gestión de residuos

El reciclaje y la gestión de residuos no son prácticas universales ni que tengan un recorrido especialmente largo. En contextos en los que existe conciencia medioambiental, se llevan a cabo políticas e iniciativas que permiten una buena gestión de residuos.

Sin embargo, hay lugares en los que estos temas están todavía en pañales (o incluso son inexistentes). Me refiero a países empobrecidos y en vías de desarrollo, como es el caso de la gran mayoría de países africanos (entre otros muchos lugares). Por ejemplo, en Lamu, la isla de Kenia en la que vivo, no hay contenedores ni papeleras, y la basura se tira en vertederos que hay diseminados por diferentes lugares. Cuando la cantidad de basura acumulada es grande, se quema (con todas las consecuencias que esto tiene a nivel sanitario y medioambiental).

El problema de la gestión de residuos en general y del plástico en particular es muy grave en África, y en el caso de Kenia se han llevado a cabo iniciativas como prohibir las bolsas de plástico en todo el país y limitar al mínimo el uso de envases de plástico en los parques nacionales (no son una solución real, pero al menos sí son normas que reducen el problema del plástico).

En este escenario, es nuestra responsabilidad como turistas no contribuir (o contribuir lo menos posible) al crecimiento de esta problemática. Esto implica tomar las medidas necesarias para que nuestro impacto en el medioambiente del lugar que visitamos sea el menor y menos negativo posible.

Una forma de hacerlo es utilizar botellas reutilizables y reducir nuestro consumo de plásticos de un solo uso cuando viajamos. Esto es algo que ya hacemos en nuestro entorno, así que imagina lo necesario que es hacerlo en lugares con una gestión de residuos deficiente. También evitar dejar residuos de plástico (botellas de champú o de gel, tubos de pasta de dientes, envase de desodorante o de cualquier otro tipo de producto) en los lugares que visitamos si no disponen de un buen sistema de reciclaje y gestión de residuos.

Mi consejo:

El consumo de plásticos de un solo uso es totalmente abusivo en gran parte del mundo. Usa envases reutilizables o llévate los envases vacíos en tu equipaje de vuelta a casa para reciclarlos y darles nuevos usos. Rechaza también estos envases cuando viajes (no aceptes bolsas de plástico y utiliza tu mochila o una bolsa de tela para meter tus compras).

Participar en “visitas culturales” que cosifican a las personas locales

Aquí también tengo un máster en errores y meteduras de pata.

La primera, como no, en Tailandia con las “mujeres jirafa”, en 2013. Ilusa de mí, estaba convencida de que aquella visita contribuía al desarrollo económico de aquellas mujeres… Después, más recientemente, he vivido un par de experiencias bastante desastrosas en este sentido:

  • en mi primer safari a Masai Mara, en 2017, el conductor nos dijo que visitaríamos un poblado maasai. Aquello resultó ser un montaje para turistas, un parque temático en forma de poblado masai. Lejos de poder compartir un tiempo de calidad, aquella visita se convirtió en un show para el turista que, previo pago, podría inmortalizarlo todo en su cámara. Me sentí invasora sabiendo que pagar unos pocos euros me estaba dando derecho a entrar en la casa de alguien a quien no conocía. Y que ese alguien estaba obligado a mostrarse amable y sonriente, a bailar su danza tribal para nosotros, a convertirse en un escaparate…Todo muy invasivo y muy poco responsable.
  • en enero de 2020, viajé a Etiopía y volví a encontrarme lo mismo. Esta vez con la tribu Mursi (la famosa tribu etíope en la que las mujeres llevan un plato en el labio inferior). Aquello era una especie de zoológico-museo humano, en el que las mujeres eran obligadas a posar. Ver la explotación que hacían las agencias de turismo de la dura realidad de aquellas mujeres me revolvió y me sobrepasó.

No sé si con esto soy capaz de transmitirte el impacto tan negativo que este tipo de turismo tiene sobre las comunidades. Estas mal llamadas visitas culturales cosifican a las personas, convirténdolas en “piezas de museo” que deben estar impecables y a punto para recibir a turistas.

No hay intercambio cultural, no hay diálogo, no hay aprendizaje ni enriquecimiento por ninguna de las dos partes…, y por supuesto no hay ni una pizca de turismo responsable en este tipo de prácticas.

Mi consejo:

Si no quieres renunciar a conocer de cerca a las tribus y comunidades de tu país de destino, busca alternativas y otras formas de hacerlo. Sé que es posible encontrar otras opciones (aunque no sea lo más fácil ni económico). Y es que, cuando diseñaba los viajes a Kenia, me obsesioné en buscar alternativas. Aunque no fue fácil, encontré aquello que buscaba: una ONG que trabaja en Masai Mara para el empoderamiento de la comunidad masai. Visitarla nos permitía conocer a esta tribu de forma respetuosa, ética, sostenible y desde el enriquecimiento e intercambio cultural.

Convivencia con la comunidad masai en Masai Mara, sin circos turísticos y con mucho crecimiento, intercambio, momentos únicos y aprendizajes

Así son nuestros viajes de turismo responsable a Kenia

En los últimos 3 años hemos acompañado por Kenia a 12 grupos y a casi 140 personas.

Desde que lanzamos nuestros viajes, una de mis obsesiones ha sido favorecer experiencias de inmersión cultural basadas en el respeto, la ética y la sostenibilidad. Se trata de viajes solidarios y de turismo responsable, en los que uno de los principales objetivos es contribuir al desarrollo de las comunidades locales. Por eso, somos muy cuidadosos en cómo diseñamos cada experiencia:

  • Todos los hoteles en los que nos alojamos son de pequeñas o medianas empresas kenianas y están 100% gestionados por personas del país.
  • Comemos en negocios locales, ya sean restaurantes más grandes o puestos callejeros de comida.
  • Realizamos todas las actividades de la mano de la comunidad local.
  • Para movernos por el país, usamos transportes de pequeñas agencias locales.
  • El dinero que nuestros clientes invierten en el viaje va directamente a las manos de las personas kenianas que nos proveen los diferentes servicios. Nosotros sólo recibimos el dinero correspondiente a nuestros servicios. De esta manera, eliminamos intermediarios y favorecemos aún más el desarrollo económico local.
  • Visitamos centros de conservación de animales y hacemos safaris totalmente éticos y respetuosos de la mano de la propia comunidad masai.
  • Somos absolutamente cuidadosos con la toma de fotos en determinados contextos. No todo vale por una buena foto.
  • Ponemos mucha atención en ser respetuosos con nuestra forma de vestir y en adecuar nuestra vestimenta a cada lugar y actividad.
  • Compramos souvenirs a pequeños negocios locales y a grupos productores en situación de vulnerabilidad.
  • Los circos turísticos no existen en nuestros viajes: las visitas culturales las hacemos de la mano de sus protagonistas y en un contexto de convivencia a lo largo de varios días.

El turismo responsable es uno de nuestros principales valores y, viaje tras viaje, revisamos nuestra propuesta para seguir mejorando.

A día de hoy nos encontramos inmersos en los preparativos de los siguientes viajes. ¡Y tengo una buena noticia para ti!

Si todo esto que te he contado te resuena y quieres descubrir Kenia de forma responsable y solidaria, en una experiencia de inmersión cultural de la mano de las comunidades locales, aún nos quedan algunas plazas disponibles para el viaje de este fin de año.

Será del 26 de diciembre al 6 de enero, y las inscripciones sólo estarán abiertas hasta el 10 de noviembre. Así que si quieres vivir un cambio de año mágico, entra en este enlace para ver toda la información de esta experiencia.

Además de responsables, solidarios

El componente solidario es fundamental en nuestros viajes. De hecho, solidaridad y turismo responsable son los dos pilares sobre los que se sustenta nuestra propuesta viajera.

A lo largo del itinerario visitamos diferentes ONG que trabajan en diferentes ámbitos (infancia, sanidad, empoderamiento de la mujer…). Esto es muy importante por diferentes motivos:

  1. Nos permite conocer una realidad de Kenia que difícilmente conoceríamos con un viaje meramente turístico.
  2. Visibilizamos pequeños proyectos y, por tanto, esto favorece que cada vez más personas apoyen su trabajo (ya sea a través de donaciones o realizando un voluntariado).
  3. Estas visitas favorecen la sensibilización y la concienciación respecto a determinadas problemáticas sociales. Esto convierte a cada viajero en un altavoz de estos proyectos y de las problemáticas que atienden a su vuelta a casa.
  4. Conocemos programas de voluntariado en terreno, lo que ayuda a muchas personas a tomar la decisión de participar activamente en el futuro.
  5. Contribuye a romper la desconfianza hacia las ONG y el miedo a apoyarlas económicamente por miedo a que el dinero nunca llegue.
  6. Impacta directamente en el desarrollo de los proyectos, tanto por las donaciones de material que gestionamos como por una aportación económica que hacemos al final de cada viaje (el 5% del precio de la inscripción al viaje se destina a una de las ONG visitadas).
Taller de Comercio Justo en Afrikable ONGD, uno de los proyectos que visitamos y que trabaja por el empoderamiento de la mujer en la isla de Lamu

Después de tantos viajes, cada vez estoy más convencida del enorme impacto positivo que tienen estas visitas (tanto para los proyectos como para los viajeros). Se trata de visitas informativas, en ningún caso de voluntariado, con el objetivo de conocer, apoyar y tomar conciencia.

Es tu turno, ¡viaja responsable!

Como ves, no es tan difícil practicar turismo responsable en tus viajes. Sólo tienes que ser cuidadoso con tus prácticas y poner atención a aspectos que son fundamentales para que un viaje sea realmente respetuoso y responsable y que impacte únicamente de forma positiva en todas las partes implicadas.

Recuerda: el viaje no debe ser positivo únicamente para ti, sino también para las personas y el medioambiente de tu país de destino. No pierdas esto de vista y conseguirás que tus viajes sean mucho más que viajes.

Y ahora que te he contado todo esto y que te he hecho partícipe de mis errores como viajera, me encantaría leerte y conocer tu opinión y experiencia en este tema:

  • ¿Crees que eres un viajero responsable?
  • ¿Tienes en cuenta el componente de responsabilidad, respeto y sostenibilidad en tus viajes?
  • ¿Has cometido errores como yo?, ¿cuáles?

Tengo muchas ganas de leerte, ¿me lo cuentas en los comentarios? 😀

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